A mi abuelo “Melé”, marinero, in memoriam.
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Creo que los animales transgénicos
estarían entre los animales fantásticos y los que son creación o aberración de
la naturaleza (animales normalitos y monstruos). Pero esto de las clasificaciones
es muy complejo, nada fácil. En el infierno de Dante los homicidas están
“clasificados” en el séptimo círculo. Van dos círculos por debajo de los
iracundos y a un círculo por encima de los seductores, los aduladores, los
simoníacos, los barateros, los hipócritas, los ladrones, los malos consejeros,
los sembradores de escándalo y de discordia y los falsificadores. Es decir, en
el Inferno los homicidas resultan ser un poco menos
malos que los engañadores, los mentirosos y los defraudadores. Los traidores están
a un círculo de Belcebú, que es lo peor de lo peor.
En el papel quedan muy bien
distribuidos los nueve círculos infernales y sus correspondientes nueve cielos
del Paradiso, con los ángeles, bienaventurados,
arcángeles, serafines y querubines. Pero es como esos cuadros sinópticos en que
se apoyan los malos oradores, que a fuerza de ser mirados se convierten en
cuadros hipnóticos. No nos aclaran nada.
Una cosa es la verdad y otra la
realidad. Constantemente las confundimos. Yo no sé dónde irían los del Prestige
famoso. No me pregunto a qué puerto, sino a qué infierno. Me temo que la
avidez, la estupidez y la crueldad humanas no estaban tan desarrolladas en el
siglo XIII como se ha visto en los ocho siglos siguientes. Actualmente el
séptimo círculo de los homicidas debería incluir a los criminales contra la
naturaleza y a los criminales contra la humanidad. Entonces también debería
ponerse al día el octavo círculo y añadir a los que van a disfrutar del campo
en coches particulares. Esta modificación sería insostenible y
desproporcionada, no podemos mantener a los que destruyen la naturaleza en un
plano moralmente superior al de los que se contradicen a sí mismos o se
autoengañan. Ya dije que no era fácil.
Tenemos la sensación de que están
ocurriendo cosas que nunca antes habían pasado. No sabemos qué es lo mejor de
lo peor ni lo peor de lo mejor. Todo está revuelto. En la Costa de la Muerte
siempre hubo naufragios. El nombre no es un mero reclamo turístico. El mar
donde cada día se pone el sol, ha devuelto a sus playas barcos hechos añicos,
ha dejado delicadamente –como quien está saciado- sobre sus arenales y calas,
hermosos cadáveres de ahogados que las olas rolan, cargamentos enteros de
mantequilla o de acordeones. “Fue –cuenta Manuel Rivas- en 1905. Naufragó el
vapor italiano Palermo y nada se pudo hacer por rescatar a sus
22 tripulantes. Una música estremecedora hacía saltar el corazón de la costa da
morte. El Palermo llevaba un cargamento de acordeones”. El
Nil
(1927) dejó en Arou botellas de champán, sedas, perfumes y hasta potes de leche
condensada, delicias todas ellas exóticas. El Banora
(1965) naufragó en su travesía a Hamburgo, dejó en Cabo Vilán una marea de
mandarinas marroquíes. El mar lo devuelve todo. En los ochenta tuvimos el Cason.
...”Explotó y después empezó a arder a unas quince millas de Fisterra y dentro
de las aguas por las que está prohibido el paso de cargamentos con grave riesgo
para las personas, las autoridades son condescendientes, muy condescendientes,
a lo mejor disimulan para ir tirando y no tener que trabajar demasiado, el
barco tocó fondo en la punta del Rostro, el viento lo llevó a la playa y acabó
embarrancando en la Anzuela, entre las puntas de Castelo y Pardiñas, llevaba
treinta y un tripulantes a bordo y se salvaron ocho, transportaba una carga de
productos químicos y por la zona hubo cierto miedo de que el aire se envenenase
matándonos a todos y el agua se contaminase matándonos a los peces que nos dan
de comer, los bidones llevaban una calavera con dos tibias y el letrero Inco 6
que sólo se pone a las mercancías muy peligrosas” (Madera de boj,
Camilo José Cela, 1999)
Nada que ver los indefensos ahogados,
las mandarinas hamburguesas, los acordeones, el INCO 6 innominado y el maldito
“pichi”, en náutahl chapapote. Y nada que ver
lo que pasa y lo que se habla. Dante sitúa los soberbios en el Purgatorio. Y
luego está lo que no se ve. Eso que mira el perro de Goya.”

