Aquí tengo claro lo de la
LPU o mínima unidad de publicación y no se me escapa que los tres últimos posts
esencialmente tocaban el mismo tema aunque lo acometían desde puntos
diferentes, como si este álbum fuera un lugar de merodeo, que lo es. Y de
emboscamiento, que también lo es. Sin quererlo o de la manera más ingenua, y
con las debidas distancias y las más odiosas comparaciones, llegué en mi
merodeo a lo que llegó Eisenstein, el cineasta, en el montaje de “El
acorazado Potemkim” (1925):
Al parecer la escena de la
escalera de la matanza de Odessa, es técnicamente hablando del tipo de
montaje llamado rítmico (por oposición al montaje métrico, basado en la
longitud de los fragmentos, y al montaje tonal, basado en tensiones
cromáticas). Es decir, para el montaje de las tomas Eisenstein (*) hizo que el
ritmo de los pies de los soldados al descender la escalera fuera a un ritmo
diferente del de los cortes, y parece por eso engranado en el del cochecito del
bebé que se precipita trágicamente peldaños abajo. Leemos en la Wikipedia que Eisenstein
derivó “sus teorías sobre el montaje del estudio de los ideogramas japoneses,
en los que dos nociones yuxtapuestas conforman una tercera, como por ejemplo:
ojo + agua = llanto; puerta + oreja = escuchar; boca + perro = ladrar”. Para
Eisenstein, como para mí en mi pobre blog, el montaje es: «Una idea que
surge de la colisión dialéctica entre otras dos, independientes la una de la
otra».
(*) Se diría que el propio
Eisenstein aparece en la película “interpretando” la mujer cuyo hijo es herido,
pero no estoy totalmente segura. Josefina Darriba me dice que sí. Una de los
homenajes de la escalera de Eisenstein se encuentra en una escena [enlace roto] de “Los
intocables de Eliott Ness” (Brian de Palma, 1987) (“Uno y uno son tres”)
Además, esta especie de colisión dialéctica -llamésmole así por llamarlo de alguna manera- me gusta porque pretendo inmunizarme contra el pensamiento basado en argumentos antitéticos: ojo o agua, o puerta o oreja.
“Colisión dialéctica” para
mí más bien es la de ayer de Artur Mas, nuestro presidente con aspecto
de madelman, el indesinflable honorable Mas. No hace ni veinte días que estaba
diciendo que Cataluña no solo iba a salir pronto del déficit en que la había
hundido el Tripartit sino que además estaría tan boyante como para
estar en condiciones de comprar deuda. Ayer ya estaba ofreciendo más bonos
patrióticos para salvar la propia. Vaya.

