e comenta una amiga que
estamos todos pendientes de hacer
deporte y ver exposiciones. No es
mi caso, porque hacía ahora mucho tiempo que no iba a ver una exposición, y
ayer rompí la racha para ver la de la Sala
Parés en su último día, titulada
"Viajeros".De ese ratito bueno me traje el cuadro que he colgado al final del post,
de Modest Urgell. Es uno de sus
numerosos cuadros con un conjunto rural, un paisaje mínimo y el resplandor de
los últimos rayos del sol que da un tono intimista y sobrecogedor al lienzo,
con una calidad aterciopelada de las sombras. Este paisaje tiene la
particularidad de incluir una luz que —como diría un decorador— le da un toque
acogedor al conjunto. Debe de ser una de esas luces que alumbran la vuelta del
rezagado, que tal vez invita al ajeno. Esa luz vela en la oscuridad y arroja
una luz mortecina sobre la pared lateral y hasta sobre el camino que lleva a
las casas.
Como el panorama en Barcelona
no es muy halagüeño, es bueno buscar una gratificación para la mirada y hacer
algún ejercicio. La batalla contra la salud, me decía un día un profesor de
artes marciales, está perdida de antemano. Llega un día en quela salud falla, y
si no es asíes porque hay un accidente fatídico que precipita el final de nuestro
bienestar. Sin embargo es bueno cuidar del cuerpo y no permitir que la
decadencia sea mayor de lo que pueda ser, sin excesos.
Llenamos el vacío con
actividad y una productividad no siempre reconocida. La amiga que me hacía ver
lo del deporte y las exposiciones no es una maestra de wu wey (la"no acción" del tao) y ella misma podría
reconocer que hace cosas que en el fondo no sirven para nada. A veces lo que
hacemos es vivir la vida de los demás, ser sus invitados o
"secundarios".
Hace muchos años el padre de otra
amiga, jubilado ya hacía tiempo, se sentaba en nuestra calley leía novelas de
aquellas de Marcial Lafuente Estefanía. Cuando ya
hacía mucho tiempo que se había muerto, su propia hija me explicó que había
leído dos veces el Quijote, cosa que no puede decir mucha gente, por cierto. En
mi modesta opinión es mejor leer a Cervantes que a Lafuente, pero no perdería
mucho tiempo en defenderla. Lo bueno es que él pudiera leer en cada momento lo
que en verdad tenía ganas de leer. No olvidemos que el filisteísmo a veces se
disfraza de una inquietud cultural cosmética.
En mi juventud leí unas
novelas de Zane Grey que estaban
reunidas en un volumen grueso de color verde, muy bien editado por la Editorial
Juventud. En aquella época y sólo con ese libro me ocurrió que
asociaba a los personajes (los "buenos" y los"malos") con
personas de mi entorno, con lo que la lectura no se entorpecía pero adquiría un
valor añadido. No hace falta decir que los malos reunían defectos como la
falsedad, la mezquindad y elegoismo. Eran,en una palabra, tramposos. Había
caballos y paisajes muy bonitos que era fácil recrear en la imaginación ¿Qué
más se le puede pedir a un libro?
Soy capaz de entender casi todas
las debilidades humanas y nuestras formas de ocupar el tiempo. No entiendo las burlas. Y no acabo de entender ni quiero cosas como lo de hacerse
una lengua bífida o llenarse el cuerpo
de perforaciones y tatuajes, casi siempre horrendos. Dicen sus portadores que
llevan su propia historia en la piel,y cuesta callar para no decirles que es
mejor que se la guarden donde nos la guardamos lo demás. Vengo de ver en
Youtube un vídeo de una influencer que
explica cómo cepillarse la lengua bífida y que ella lo hace con un cepillo de
bambú.
Ante el vacío yo rezo.
