9/2/22

Days like this


n Opiniones y versiones, en 2017, me referí a que el celebrado final de El tercer hombre (Carol Reed, 1949) es la versión del director, no es fiel a la novela de Graham Greene. Rollo Martin, en la versión cinematográfica, es ignorado por Anna Schmidt (Alida Valli). Se ve el largo paseo con árboles a lado y lado, ella se acerca a Martins, pero pasa delante de él sin decirle nada y sigue su camino. Si a Graham Greene le gustó o no el final de Reed, cuestión en la que me extendí en el post mencionado, es para mí accesorio.
Es cierto que el papel de Anna Schmidt “salva” al canalla de Harry Lime (Orson Welles), a pesar de ser culpable de haber adulterado penicilina. Su amor es incondicional, o habría que decir mejor “indefectible”. Sin embargo, el regocijo que produjo en Twitter el desplante de Anna hacia Rollo, su mediocridad, me ganaron la simpatía por el personaje. El final no me resultó tan convincente como a Greene, a Garci, etc. Después de la huida por las cloacas, ese camino bordeado por árboles que escapan en el horizonte es demasiado manifiesto.
El sábado pasado vi recién estrenada Belfast (Kenneth Brannagh) y me gustaron mucho: 1) la interpretación, 2) la ambientación (aunque creo que no era necesario recalcar tanto el uso del blanco y negro, 3) el papel de los abuelos, y 4) lamúsica de Van Morrison.
Me parece que el hermano mayor de Kenneth Brannagh no dice nada, pero no estoy totalmente segura. Quien más habla es tal vez el abuelo. Y tanto él como la abuela tienen papeles entrañables. En tiempos de edadismo cruel y cipotudo es toda una declaración de principios que Brannagh presente a sus abuelos paternos como una pareja con tanta jovialidad y con tanta complicidad con el nieto pequeño.
El papel de la abuela está desempeñado por dame Judi Dench, tan transfigurada que en su primera aparición en la película resulta irreconocible. Lleva unas medias gruesas que nos hablan de una insuficiencia venosa como la que padeció mi propia abuela paterna. Camina pesadamente y con cuidado. Las gafas estilo “ojos de gato” y la melena tipo paje a la moda de los años 50-60, acaban de trazar los rasgos del personaje, pero todos sabemos que esa caracterización es irrelevante al lado de la fuerza que le sabe insuflar Judi Dench.
Cuando la familia de Brannagh decide abandonar Belfast, acuciados por las deudas e impelidos por la violencia civil, ella se queda sola. Pero desaparece por la puerta de entrada de la casa familiar silenciosamente y –quien más, quien menos—ya sabemos qué soledad le espera adentro. Esos dos otres pasos que da hacia la puerta tienen una sencillez y una gravedad que le dan ochocientas mil vueltas a la pasada de largo de Anna Schmidt, tan rígida y frígida. 
Irlanda, como Galicia, debió de estar llena de viudas de “vivos e mortos” y llegados aquí solo cabe celebrar la sensibilidad de Kenneth Brannagh.


Judi Dench caracterizada en Belfast (KennethBrannagh, 2021)

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