"Había tenido que promover 32 guerras, y violar todos sus pactos con la muerte y revolcarse como un cerdo en el muladar de la gloria, para descubrir con casi cuarenta años de retraso los privilegios de la simplicidad"
Gabriel García Márquez, Cien años de soledad
l coronel Aureliano Buendía descubrió los privilegios de la simplicidad al volver a la platería familiar. Claro que ese género de descubrimientos se produce con melancolía, por ser demasiado tarde o por darse cada cual cuenta de que la vida pasa en un suspiro. Estos días me regalaron un libro de Mario Satz, Pequeños paraísos: el espíritu de los jardines, que es un buen ejemplo del eufuísmo que heredó el mismísimo William Shakespeare y que acabó también él mismo abandonando:
"PRINCESA - Querido señor Boyet, mi hermosura, sea cual fuere, no necesita los floreos afectados de vuestras alabanzas. La hermosura se aquilata por el juicio de los ojos, no se manifiesta por el anuncio vil de un traficante de mercado. Me enorgullece menos oíros ensalzar los méritos que a vos pasar por inteligente derrochando vuestro ingenio en el elogio del mío." (Trabajos de amor perdidos)
El pequeño libro de Satz darían ganas de reescribirlo, no solo por el ejercicio de aligerarlo y hacerlo más legible y ligero, sino para aprovecharlo como documentación y seguir sus aspiraciones líricas, historicistas, y la inspiración borgiana. Al libro de Satz lo antecedió la Jardinosofía de Santiago Berueta, un libro diez veces más voluminoso, más ordenado, muy fundamentado y sobre todo claro. Aunque los Pequeños paraísos de Satz llegan a rozar pasajes deliciosos, se detiene en los símbolos, y los símbolos encasquillan la lectura. Yo diría que ya no hay tantos lanzamientos de coffee table books (como si lo hubo hace unos 25 años) pero que ahora salen libros de encargo a zaga de las modas temáticas, que tienen que ver con el entretenimiento, las aficiones y un historicismo de perfil bajo y la espiritualidad de consumo. Los coffee table books tenían un cierta calidad y eran costosos; estos otros libros antológicos son más baratos pero muy pretenciosos.
..
El año pasado pude participar en un curso de catalán C2 que impartía Montserrat Fullola Pericot y aprendí mucho sobre cómo escribir con claridad, luego me temo que un poco he vuelto a las andadas, pero al menos ya sé que es mucho más atractivo escribir llanamente. María Pilar Manero Sorolla, cuando impartía también en la Universidad de Barcelona un curso sobre Siglos de Oro, nos prevenía de los textos eufuístas, profusos y poco inteligibles.
La simplicidad no es fácil, de manera comparable a que ser ambiciosos no es lo mismo que ser pretenciosos. En tiempos de reduflación habría que hablar también de la tontería que nos asiste. Hace años que tomo una taza de café al levantarme y que lo preparo con la típica cafetera Oroley, que en realidad deberíamos llamar Bialetti, porque fue Alfonso Bialettiquien la inventóen Italia elaño1930. Elmodelo de Bialetti prácticamente no se ha alterado. Bien mirado es un artefacto muy curioso, con materiales ─aluminio y baquelita─ que pregonan una funcionalidad sincera. El diseño dicen que es Art déco y no digo que no, pero creo que añade elementos del futurismo italiano. Es una preciosidad, como lo fueron los melones cuadrados de Marino Benejam o el procedimiento para descargar mercancías con jirafa, de los inventos del TBO.
Más allá del diseño, del que soy incapaz de abstraerme, pienso en el café moka. Lo suelo comprar en una cafetería Caracas de mi barrio. Tienen el producto básico, que es una mezcla y después ofrecen varios cafes (de Burundi, Kenia, Brasil, Papua Nueva Guinea, Colombia, Costa Rica, etcétera). Todos los diferentes tipos de café están en grano y ya tostado. Te los muelen al momento según el tipo de cafetera que se usa y creo que incluso es posible comprar esas cápsulas horrendas que se popularizaron (inexplicablemente) en los últimos años. Por siete euros más o menos se puede tener un paquete de café de 250 grs. de Costa Rica. Es decir, que sinentrara calcular céntimoa céntimo,yo diría que sale mucho más barato un café moka de sibarita que las cápsulas dichosas. Quien prueba una taza de café recién molido de Costa Rica o de Honduras, nada ácido pero muy sabroso, es dificil que admita compararlo con el que se ofrece en cápsula. Es cierto que el café de cápsula que a mí me han servido muchas veces tiene mucho olor y mucho sabor, pero es algo que resulta si se me permite decirlo así adulterado. El olor del café recién molido o de las avellanas acabadas de tostar y hechas en su punto, no tiene competencia.
¿En qué momento tanta gente se dejo seducir por esas andróminas de aluminio o plástico? ¿Qué las hizo interesantes? Me figuro que detrás de su lanzamiento la multinacional Nestlé hizo todo un análisis mercadotécnico y que el producto es imparable. Pero a mis ojos, o debería decir que a mi gusto y a mi olfato, resulta lejos de la comprensión. La única explicación que le veo es que se pueden usar en el trabajo a cambio del a veces espantoso café que nos ofrecen en algunas cadenas.
Diseño de la cafetera de Alfonso Bialetti (1930)

