Pero el comentario que traje aquí ("Nosotros no salvamos a nadie") no hubiera tenido menos valor si hubieran faltado estos antecedentes, porque sobre todo es una perla del escepticismo médico y de la necesaria modestia para avanzar en cualquier saber. El entusiasmo -si no es de eutrapelia- puede caer en la jactancia. Sabía la Dra. Górriz que muchas veces exactamente lo mismo y en un caso idéntico no funcionaba, en la UCI. Que había muchos elementos que se les escaparon. Otras veces, cuando clínicamente no había esperanza para un enfermo, de una forma que bien pudiera decirse "milagrosa" experimentaba una mejoría injustificable y contra todo pronóstico. Gracias a estos factores y a que en definitiva gran parte de los médicos tratan con seres humanos y hasta infrahumanos, tarde o temprano el que ya no era modesto es un converso a la modestia decidido. Ni que sea optando por el desvío del escepticismo, que también vale para el caso.
La campaña de Médicos Sin Fronteras es buena, apela a la urgencia y no tanto a la consabida piedad. Habida cuenta de que lo más caro de los cuidados sanitarios son los especialistas (los seres humanos especialistas) y la tecnología, la frase se aguanta sola. Pero todos sabemos que hay muchos perros que le salvaron la vida a heridos o a personas en peligro de morir asfixiadas por combustión de gas, que hay delfines que han ayudado a marineros (seres humanos marineros) a volver a tierra, etcétera. También sabemos, sobre todo por los misioneros que tenemos en países subdesarrollados -y la palabra cada día se hace más insostenible- que cuando estamos dispuestos a ayudar a los demás también tenemos que estar dispuestos a hacerlo en lo que nos piden, no en lo que pensamos que es necesario. No es posible ayudar además a quien no se deja ayudar. O "salvar", si quieren.
Uno de los sacerdotes de la capellanía del Hospital donde trabajo (el Padre Buenaventura) ahora me explicó que cuando va a ver a los niños les hace unas pajaritas de papel. No tiene recursos para más y sabe que ese primer nivel de la papiroflexia es suficiente para fascinar a un pequeño y para acercarse sin invadirlo. Naturalmente esa es la verdadera evangelización, la que Manolo, perdón, Jesús de Nazaret, hubiera hecho. Y cuando los misioneros (los seres humanos misioneros) hablan ves que acaban todos o muchos haciéndose maestros, sanitarios y cocineros no solo porque la fe se demuestra andando sino porque el Evangelio, con ser un libro vivo se queda en letra muerta si el hambre y el dolor abotargan a quien lo recibe en condiciones pésimas.
Hablaba esta mañana de llamados y elegidos e invertía la proporción clásica (muchos los llamados, pocos los elegidos) por otra más idónea e interesada (pocos los llamados, muchos los elegidos), cuando según la hermana Conxa Adell todos hemos sido elegidos (seres humanos elegidos). El problema será en todo caso -en mi interpretación- que somos duros, que no somos ni atentos ni confiados.
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