Ayer vi por cierto una reconstrucción tridimensional gráfica de la Málaga de 1487 y pensé que una
técnica por el estilo sería la indicada para intentar de forma elocuente y sin
embargo visual plasmar la evolución del tejido comercial de Barcelona. Simplemente la
cantidad de veces que se ha hecho y deshecho la Plaza de las Glorias Catalanas,
ya da para mucho. O el Paseo de Gracia, donde apenas había hace unos 30 años el
Samoa y La Puñalada y que ahora es un hervidero (o freidero) de tapas,
bocadillos, cafés y botellines. No desdeñaré la ocasión de protestar porque la
proporción del espacio de paseo y de terrazas está claramente en desproporción
y a favor de los recaudadores municipales. No sabe una muy bien para qué tanto
bulevar ni tan ancho si luego hay que ir salvando obstáculos para cubrir
distancias donde ya no se goza apenas de la perspectiva. Pero ese no es el tema
de hoy.
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Con el tiempo, además de haber ganado según y cómo profundidad al mismo tiempo que perdía perspectiva, me he dado cuenta de que hay que leer sin ingenuidad todo tipo de informaciones. No hace mucho que salió en el ABC una especie de reportaje titulado "De como Cataluña se volvió rica y Galicia, pobre". Lo firma Luis Ventoso. Esa coma me sigue resultando gramaticalmente espuria, pero advierto que la publicación lleva obtenidos casi 900 comentarios y yo diría que nadie reparó aún en ella. Y es que había y hay demasiadas afirmaciones con las que entretenerse y mucho. Luis Ventoso repasa las situaciones en que en los últimos años claramente hubo un proteccionismo favorable a la actividad económica de Cataluña y cómo la situación se ha ido sino revirtiendo al menos desplazando, nivelando, lo que sea. No me extrañaría nada que el 95% de cuanto alega Luis Ventoso es rigurosamente cierto. Y hasta más. A cualquiera que tenga los más mínimos rudimentos de Economía -dos tardes- no le ha pasado por alto la decadencia franca de la industria catalana, y no solo la textil. Las cuestiones arancelarias, o no, han coincidido en el tiempo con los relevos generacionales. Muy bien podríamos apelar al refrán: "Padre bodeguero, hijo caballero, nieto pordiosero", como si la ley de la vida fuera incapaz de respetar siquiera la familia más sólida. ¡Cuantas veces no habré oído yo en las comidas de la mía, cada vez más pequeña, "¡Si esta vida chegara a netos!" (Si esta vida llegara a nuestros nietos).
El proteccionismo, el boicot, todos son -manteniendo el hilo del parentesco- hijos del mismo mal.
No me parece intrascendente ni fútil
hacer notar que al menos en mi ciudad cada vez resulta más difícil encontrar un
bolso o unos zapatos o un conjuntito mono que esté bien confeccionado pero por
el que no te pidan 1000 euros. Esta observación me permite constatar lo que
tanto se dice, que la clase media va a desaparecer.

