Luego, por la noche, la corresponsal de "La Voz de Galicia"
entonces, Socorro Ínsua, me ofreció presentármelo. Y le dije: "Es
que no tendría de qué hablarle". Y era verdad. No es que una tenga una
conversación limitada ni escasa ni falta de variados registros, porque lo mismo
les sirvo para hablar con Agamenón que con su porquero, pero por aquel
entonces ya estaba yo algo corrida por alguno de sus tremendos parlamentos
socarrones después de haber recibido gratis et amore una pantagruélica
mariscada o una caldeirada del mejor pescado y con unas patatas que no tienen
igual. Me dolía en el alma que no tuviera un poco más de distinción o de
timidez con la gente humilde o cuando menos que no tenía su bagaje mundano y
académico. De hecho el peor desprecio con que se le puede consternar a alguien
que no posee una cultura cultivada y de salón es el de tratarle con una broma
tabernaria y soez. Cada cual tiene que estar en su lugar, hombre.
Lo que se me atrancó del libro fue que no salía ni uno solo de los
personajes fisterranos que se merecían haber estado allí y hasta en el altar
mayor. Incluso, diría más, muchos de los personajes que identifiqué no son
precisamente como para enorgullecerse. Si al menos se hubiera abastecido del
muestrario de pobres diablos baqueteados por la vida, la muerte y el alcohol, Madera
de boj hubiera podido convertirse al menos para mí en una especie de
reserva antropológica. Pero no: están los cocainómanos y algún señoritango. Sin
embargo hay un par de pasajes que no he podido olvidar y que recuperan para la
historia de la lengua, el digno registro fisterrán. Uno, una cancioncilla,
que podemos asimilar a una broma de uno de los primeros actos de Romeo
y Julieta (*), con la nodriza:
A Xoana caiu de cu e o Xoan caiu de fociños.(**)
La otra muestra del dialecto que recuerdo es la de su intento de
recoger esa voz rasgada, bastante menos que ronca, enterenyinada (***) diríamos
en catalán, que predomina en la comarca, sea por la falta de yodo
endémica, sea por la bronquitis crónica, sea por el abuso del alcohol sobre
todo en los hombres, sea porque faltaban dientes, sea lo que sea. Las vocales
son más apagadas, veladas, oscuras y cerradas que en el resto de Galicia, de
manera que cuando alguien dice -como muy bien transcribió Cela- "Qué é o
que che pasa, oh?" suena más o menos "Qué é o que che peeeese,
oh?". Sin embargo, lamentablemente, para mi gran pena, poco más
quedará para la posteridad de ese patrimonio que en parte yo pude recibir.
Camilo José Cela, sea por respeto al dialecto fisterrán, sea por respeto a sus
hablantes, transcribe también respetuosamente y de forma exacta la forma de
hablar. Cosa que nunca se recalcará bastante sobre todo cuando Josep Mª
Espinàs hizo un libro de sus andanzas (A peu per la Costa da Morte)
por el mismo territorio, en donde descuidó de una forma que no voy a juzgar o
-mejor dicho- calificar, lo que le pareció oír, sin concederle el valor ni el
crédito que se merecía.
Es una pena porque los arribistas que se incorporaron al gallego normativo en estas dos últimas generaciones lo han convertido en algo que ni siquiera tiene acento alguno, o que tiene el acento pijomolondro de TVG porque lo han aprendido donde lo han aprendido. En Cataluña, me cuentan que también la burguesía dejó de usar el catalán en un momento dado porque eso quedaba rústico. Y curiosamente de ese filón de lindos acoquinados en parte proviene la Renaixença. Esto explicado, así en un par de líneas, claro. Lo que no admite demasiadas amplificaciones ni extensión alguna es la de afirmar que fue gracias a la gente del pueblo llano como se conservó milagrosamente la lengua autóctona. Y la única variante que cabría en tamaña afirmación es la de decirla en un tono de voz más alto, estridente o bien estruendoso.
Sabe una que no tiene pedigree,que no sirve ni para gallega ni
para catalana ni para nada, pero les prometo por la gloria de mi canario que
nunca adoptaré ni una sola de esas costumbres bárbaras como el Halloween, las
despedidas de solteros o esos flashmobs, como No Pants Subway Ride 2013, de los que es cada vez más
difícil librarse.
*
Me gusta
distinguir en la foto de hoy la silueta de una mujer en una de las playas de
Fisterra cargando una cesta en la cabeza. Con el pintor Manuel López Garabal,
que veraneaba en Finisterre desde antes de la guerra, sí que hablé varias
tardes también inolvidables, y recuerdo vivamente como me explicaba que las
mujeres en verano traían el pescado y otras mercancías en la cabeza por la
orilla del mar. Y que parecían velas negras que se recortaban con garbo
marinero sobre la arena tan blanca y un mar azul de Prusia. Desde las playas
de San Roque y la Langosteira. La brisa les hacía el camino menos penoso y
quiero creer que las vieron los mismos cuervos que tantas veces encontré yo
allí y que dicen que son tan longevos.
__________________
(*) “NODRIZA – Pares o nones, de entre tantos días
del año, cuando entremos en agosto
catorce ha de cumplir anocheciendo.
Susana y ella -¡Dios acoja a todas
las almas y las lleve a su morada!
la misma edad tenían, y no yerro.
Pero Susana está en el cielo, ¡y era
tan buena para mí! Como os decía,
cumple catorce años cuando agosto llegue.
¡Vaya si los tendrá! Bien lo recuerdo.
Hace once años ya del terremoto;
fue destetada entonces, y no olvido
aquel día entre todos los del año.
Estando al pie del palomar, me puse
acíbar en el pecho, al sol sentada;
en Mantua estabais vos con vuestro esposo.
¡Tengo buena memoria! Y, como dije,
cuando probó el pezón que estaba untado
y lo halló tan amargo, ¡la tontuela!,
hacía falta verla así enojada;
¡cómo se incomodó contra mi pecho!
El palomar temblaba, y, os lo juro,
para correr no me hizo falta aviso.
¡Once años cumplidos desde entonces!
Y se tenía en pie; doy mi palabra.
Y podía correr, aun dando tumbos.
La víspera, sin más, se hirió en la frente.
Y mi marido (que del cielo goce),
tan jubiloso, levantó a la niña.
“¡Vaya -dijo-, ¿de bruces te caíste?
Con más juicio, caerás de espaldas.
¿No es verdad, Julia?” Por la Virgen juro
que no lloró ya más la picaruela
y dijo: “Sí”. Pero hay que ver si ahora
las bromas son de veras como antaño.
Si llegase a los mil lo recordara.”

