Underwood girls, Pedro Salinas
Mis teclas no son blancas y redondas, tienden a buscar la cuadratura del círculo y son negras como semifusas. No brillan, cosa que perjudicaba mucho los ojos de los que mecanografiaban con una Underwood. Y sin embargo la tecla espaciadora empieza a satinarse por los continuos golpes del pulgar. La única sensación especial que tengo cuando escribo es que o utilizo más la mano izquierda o/y que vas más rápida que la derecha. Pero tal vez la tecla espaciadora es la que más uso. Si admito alguna otra sensación, es la de que estoy escribiendo una enciclopedia.
El orden del día de hoy ocupa dos puntos:
- Que ya me gustaría a mi saber de donde saqué que Julio César había dicho que en España hay dos tipos de pueblos, aquellos con los que se puede negociar y aquellos con los que no se puede negociar.
- Que ya hice lo que tenía que hacer con el Killer Samurai Sudoku de la dinámica de los ojos vendados (v. post del día 26 de noviembre pasado)
He estado perdiendo el tiempo buscando
la cita de Julio César. En realidad, puede que esa cita la tuviera deformada en
mi cabeza por culpa de otro Julio, Caro Baroja:
“César estableció una relación curiosa
entre el valor y la fiereza, de una parte, y la falta de relaciones
comerciales, por otra.” (Julio Caro Baroja. Los
pueblos de España. Madrid: Istmo, 1990. 6ª ed., vol. I, p.181)
Ahora estoy empezando a pensar si la
cita no sería de Augusto, que tuvo que venir en persona y mandar crucificar los
pueblos resistentes de la cornisa cantábrica y atlántica cuando ya hacía más de
doscientos años que se había conquistado a los turdetanos sin apenas
derramamiento de sangre. Cádiz, la ciudad más antigua de Europa, no se
resistió. En los Comentarios a las Guerra
de las Galias el César prácticamente abre el libro diciendo:
“De todos, los más valiente son los
belgas, debido a que están muy alejados de los refinamientos y de la
civilización de la Provincia y a que los mercaderes no llegan muy a menudo
hasta ellos, ni tampoco les llevan el tipo de cosas que sirve para afeminar el
carácter, y también a que se encuentran muy cerca de los germanos –que habitan
al otro lado del Rin-, con quienes están en guerra continuamente”. (B.G., 1,3)
Julio Caro Baroja se debió de referir a
este párrafo. ¿Pero cómo podía haberlo transfigurado yo en decir que en España
hay dos tipos de pueblos, aquellos con los que se puede negociar y aquellos con
los que no se puede negociar?. Seguiré buscando.
De todas maneras no es una cuestión de
escrupulosidad o eruditismo. Encima, a cada momento se dan en este país ejemplos
que dejan las observaciones del general romano, o las conclusiones que
extrajimos de ellas, en algo que ya no tiene vigencia. Por ejemplo, leemos en
“La Vanguardia” del 29 de noviembre: “El PNV logra 13 millones y el BNG otros
51 tras salvar a la ministra de Fomento”. De ese titular se extrae que los
pueblos de la cornisa cantábrica y atlántica han entrado en la dinámica de la
“negociación”. Vamos a llamarle
benévolamente “negociación” a ese trapicheo. Crónica adentro leemos: “Sin
embargo, el apoyo a la ministra tiene un coste en Galicia, pues esta es
probablemente junto a Catalunya [sic] la comunidad en la que Magdalena Álvarez
concita más rechazo, a pesar de que sus dos abuelos varones nacieron en Lugo,
desde donde emigraron a Andalucía. Hace tres años, en unas declaraciones a
micrófono cerrado que trascendieron públicamente, la ministra se refirió al
“Plan Galicia de mierda”.
Dios, y qué de cosas se vienen a
mezclar en todo. Yo soy un poco bruta. A pesar de que estoy oyendo
incansablemente el concierto para piano # 1 de Brahms, incluso cuando esto
escribo (con las chicas Underwood hubiera sido poco menos que imposible), toda
esa basura de negociaciones para impedir la reprobación de nuestra caricatura
de Madeleine Albright de Fomento, me repugna. A ver si la basura de políticos
de medio pelo que hemos elegido (¿?) se piensan que todo se arregla con dinero.
Ya están empezando hace meses a traicionarse entre sí y contra ya sabemos quien
los que pactaron con el PSOE, para conservar su espacio de poder. La idea de
que todo se arregla con dinero se ha apoderado de la opinión pública (o se
quiere apoderar). Con la animación de la campaña estival de las
infraestructuras insuficientes y obsoletas de Barcelona, ha cobrado cuerpo.
Sobre todo cobrado. No se habla de gestión. Cuando se habla de
responsabilidades es de juzgado de guardia. Se habla de dinero. Si no se da el
servicio público de cercanías de
RENFE como hay que darlo, se les dice a sus usuarios que se les va a facilitar
gratuitamente. Como si todo fuera cuestión de dinero. Y no es una cuestión de
dinero. O, por lo menos, no sólo es una cuestión de dinero.
Lo que no se me olvida nunca es lo que
dijo Quinto Servilio Cepión a los que
asesinaron a Viriato, cuando fueron a buscar su recompensa, “Roma no paga traidores”.
El segundo punto del orden del día es
el de la solución al Killer Samurai Sudoku. La solución del sudoku propiamente
dicho la incluí al pie del post con un enlace, para no sobrecargar la entrada.
No, me refiero a mi reacción ante el engaño terapéutico de la dinámica de los
ojos vendados.
De las dos clases que siguieron la del
día de las sillas traidoras, la primera la abandoné en el descanso por otra
obligación. La segunda y última fue dirigida o llevada por otra psicóloga –está
ya con los espolones crecidos- y efectivamente, al final, nos pasaron una
encuesta. En la sección de “comentarios” escribí aquello de que no consideraba
el golpe en la rodilla ni necesario ni lícito. Me acordé más de las palabras de
L.C. que de todos los golpes en la rodilla que me he llevado. Pero lo hice no
tanto por el registro akhasico o akashasico mío, el de mis reacciones, como
para que los del curso no lo vuelvan a hacer mal, y que si lo hacen se acuerden
de mi comentario.

