Luego está lo de las energías
fortísimas que mueven y paralizan nuestro pequeño mundo. Hay la energía llamada
"poder"; otra, "sexo"; otra, "dinero". Y así. And
so on. Son energías tan visibles como la electricidad. Esas tres energías en
concreto suelen ir sinérgicamente combinadas, como si fueran lo mismo. O como
se juntan en un calentador de agua
el gas y la electricidad para producir una explosión controlada. Claro está que
no es lo mismo dedicarse al sexo por un poco de dinero que dedicarse al dinero
por un poco de sexo u otras combinaciones posibles.
Para las olimpiadas de Barcelona se
presentaron 17.000 personas dedicadas a la
prostitución profesional. Durante los años precedentes, en cuanto se supo la
sede de los Juegos, se fueron preparando como legiones
las centurias de mujeres y las decurias de hombres preparados para cubrir una
demanda que se produce puntualmente cada cuatro años. Aún hay gente que se
piensa que unos Juegos Olímpicos o una Exposición Universal o una Feria de
Frankfurt son lo que parece y ya está. Por otra parte, la cifra de 17.000 putas
es la oficial. Parece una cifra increíble. Como la de Santa Úrsula y las 11.000
vírgenes. Incluso hay quien dice 100.000 vírgenes, confundiéndolas con los
"100.000 hijos de San Luis" que nos envió la Santa Alianza en 1823.
Vamos a ver: por un lado hay que señalar que la Iglesia Católica ha sido la
primera en poner en entredicho la santidad de Úrsula, que entre otras cosas es
la patrona de la Universidad de Coimbra, una de las más
bonitas de la Península Ibérica. Pero, sobre todo, parece altamente improbable
que se hubieran podido juntar en Europa y hasta incluso en la actual Alemania
(o, mejor dicho, en lo que actualmente pertenece a Alemania) tantas mujeres en
flor. Y muchísimo más improbable todavía es que el año 1992
se presentaran en Barcelona solamente 17.000 putas, chaperos, etc. Pero si las
mujeres de la vida locales, las de la calle (no las de las universidades y las
de cupo), ésas se quejaban de que les estaban quitando el pan las sobrevenidas.
Se vendían como si estuvieran nuevas. Porque 17.000 eran las que estaban
organizadas y con lo sanitario en regla y unas
técnicas amatorias homologadas de catálogo y bien promocionadas. Pero luego
estaba la peña que se mueve al calor de los "grandes
acontecimientos", como los carteristas, los del ladrillo, etc. Decidme de
paso, ¿qué es lo que le interesa al chapero, al carterista, a los de las
inmobiliarias? Pues eso.
Las legiones romanas
estaban formadas por 30 centurias de cien infantes y 30 decurias de 10 jinetes.
3.300 hombres constituían una legión and so on. El desastre nuestro de cada día
está formado por una legión de 17.000 putas organizadas, con sus chulos
ejecutivos y mercadotécnicos, y luego hay los cupos, los
100.000 hijos de su padre, los del ladrillo, las mujeres de la calle, las
11.000 chinas huérfanas en flor, los carteristas puros y duros, los alemanes,
los ingenieros del AVE MORITURI TE SALUTANT, todo.
Sin embargo, no siempre es tan sencillo
contar a la romana, ni distinguir qué es lo
que le interesa a alguien. De la misma manera que no es fácil desentrañar la
inextricable cabalística distribución de los 20.000.000 de euros que nos ha
costado a todos los españoles la Feria de Frankfurt (11.000.000 de los cuales
procedían del Ministerio de Industria, cuyo titular sigue siendo Joan
Clos).
No, distinguir que es lo que le
interesa a cada cual no es fácil. Y no ya por su indisposición a admitirlo,
porque aquel algo de vergüenza que nos queda a todos. No es fácil por las
máscaras. Y por las apariencias. No hace falta aprenderse el Diccionario
de símbolos de J.E. Cirlot o el de Chevalier y Gheerbrant para
percatarse del parecido abrumador de algún profesor de yoga entronizado en su
kundalini con un galán decadente o un chulo aputarrante o algo peor. Eso,
amigos, está en el libro de la vida. No en el de Teresa Cepeda, evidentemente.
De todas maneras son innumerables los
intentos para ponerle puertas al campo. El otro día buscaba yo información
sobre un poema visual de 1998 de Joan Brossa, la
"Moscafera" que abre mi post de hoy. Me acordaba yo del año e incluso
de que Isidre Vallès le había dedicado media página en "La
Vanguardia" de Barcelona. Isidre Vallès daba clases de Antropología y por
aquel entonces se dedicaba a investigar la utilidad del
arte. Creo que ese artículo es el que se reproduce en internet [enlace roto]:
"Sobre el possible sentit d'aquest
poema corpori, el mateix Joan Brossa, reflexionant després d'enllestida l'obra,
destaca la dualitat existent entre l'ordre i el caos, el primer simbolitzat per
la posició recta de la mosca en relació amb la irregularitat de les cares del
poliedre, que, en ser totes elles diverses i amb diferents angles d'inclinació,
introduirien la noció de caos. Al mateix temps, tots tenim experiència del
malestar produït per la irrupció sobtada d'una mosca d'aquestes
característiques en el nostre entorn. En aquest sentit, una mosca és un ser
emprenyador, que molesta, que provoca moviments sobtats del nostre cos per
allunyar-la. Així, podem considerar-la com un organisme davant del qual hom no
pot estar tranquil i seria, per tant, un sinònim d'allò que burxa les
consciències, que provoca el remordiment, el neguit que impulsa a l'acció.
"A aquest respecte,
s'identificaria amb les seves homònimes sartrianes, considerades les deesses
del remordiment, els sers emprenyadors que els déus envien per castigar els
homes d'Argos que han acceptat la mort del seu rei Agamèmnon a mans de
l'usurpador Egist. En provocar les reaccions d'intranquil·litat abans
esmentades, i en estar la mosca ubicada en el lloc universitari on es dreça el
monòlit, podríem identificar el remordiment sartrià amb el fet de remoure la
consciència i fer-lo extensiu al neguit investigador, la recerca de la saviesa,
actitud pròpia de la institució universitària, contraposada a l'aridesa pètria
del monòlit, sinònim de la concepció materialista de la vida que ha esdevingut
l'únic referent de la societat d'avui dia."
En mi opinión, este artículo y el de
"La Vanguardia", ilustran colateralmente ese modelo ingenuo y torpe
de conocimiento de pretender someter todo a un significado
perfectamente codificado o descodificado. No obstante, yo pude
conocer a Brossa y a Vallès, aunque desde debajo de sus hombros, como para
poder decir que sé que Vallès gastaba una fina ironía. Nótese sino la frase:
"la búsqueda de la sabiduría, actitud propia de la institución
universitaria". Muy muy fina, sobre todo por la contraposición a la aridez
propia del monolito y de la concepción materialista de la vida. Es, mal
comparado, como cuando les decimos a los niños: "Los niños no se tocan la
nariz". Todo el mundo sabe que los niños se tocan la nariz, lo que se les
intenta decir a los niños es que los niños no deben tocarse la nariz. Confusión
frecuente.
Otra poesía visual de Brossa que nos
gusta mucho es la que ostenta la fachada de la sede del Colegio
Oficial de Aparejadores y Arquitéctos de Cataluña, en la calle
Bon Pastor número 5, muy cerquita del Institut Français y de la Diagonal. Son
unas 100 letras de 16 colores distintos. La mitad están organizadas formando la
frase horizontal "Col·legi d’Aparelladors i d’Arquitectes de
Catalunya". La otra mitad está organizada en 5 columnas por orden (pero no
el alfabético, el preferido de los darabugos besugos) a lo largo del edificio,
que culmina en una enorme langosta. Otro insecto, sólo que la langosta es de
los años setenta.
Lo que no se dice, lo más elemental,
es que las moscas merodean a los que van a morir. Pero para mí, las moscas no
son las de los "párpados yertos de los muertos" sino las de las
"largas tardes de estío" "rebotando en los cristales"
"en que yo empecé a soñar". Sí, ya sé que el poema de Machado lo que
dice es que empezó a soñar en las largas tardes de estío en el salón familiar,
pero yo empecé a soñar en los cristales "en los días otoñales" y vale
ya. ¿Quién me dice a mí que no soy como Don Leandro Ruíz, nuestro bastardo
de Alfonso XIII que ha obtenido el derecho a utilizar el
apellido Borbón? ¿Quién me dice a mí que no puedo lucir un cerdo o un oso como
los Andrade no en mi puerta ni en mi escudo de armas, que sería una ordinariez,
pero sí en mi lencería o en las toallas o en el toldo de mi terraza? Aún no ha
nacido el semiótico que me diga a mi lo que me va a bordar Win Yun, vamos.
Manolo bien.

