erá hace unos 20 años cuando en mi trabajo habitual teníamos una gotera de aquellas que cuando llovía reaparecía y siempre por un lugar nuevo. Mi terminal no era la peor, pero adopté la costumbre de cubrir la pantalla y el teclado con dos plásticos siempre que acababa la jornada, para resguardarlos un poco. Cuando volvía los recogía y los dejaba a un lado doblados. Un día mi compañera me hizo ver que doblaba mis bártulos como se suelen recoger los paños de la misa (el manutergio, y el corporal sobretodo). En realidad yo lo doblaba no con unción sino con cuidado, como había visto doblar el género en la tienda de mis padres. Las toallas, las bragas, los delantales, las camisetas, los paños de cocina, todo. Como en mi familia no ha habido ningún sacristán ni sacristana, pienso que es lo más seguro que mi costumbre se asimilara más a lo que había aprendido en nuestro negocio familiar. No es difícil pero imprime estilo.
Anteayer recordé ese caso cuando vi un vídeo de Gèneres de punt La Torre. No el que enlazo sino el que tan amablemente me han dado permiso sus propietarios para enlazar aquí. Está tienda centenaria está tocando la Plaza Universidad y está considerada un Bien de Interés Local y un comercio emblemático porque mantiene prácticamente intacta la tienda original. Los productos que se ofrecen son además todos de calidad. Y la atención al público también.
Como yo he vendido sé un poco lo mucho que ha cambiado el panorama comercial, como ha cambiado en general todo lo que tiene que ver con la atención al público. Y no sólo por las tecnologías de la información, es que entidades como las bancarias van cambiando su orientación o la imagen y nos lo hacen notar al imponernos unos modelos que además escenifican con el mobiliario. Ya no quedan en las escasas cajas de ahorros que han sobrevivido los embates de los tiempos las ventanillas, ni aquellos escritorios en mármol donde rellenar impresos con un bolígrafo ligado a un soporte. Desaparecieron las mamparas de fieltro renegrido que reorganizaban los espacios de los cajeros y los de los directivos, la ergonomía pesada. Van anulándose las mesas encarando una silla (la del asesor) y dos sillas (las de los clientes) a favor de modelos en los que aún no nos hallamos, como el que actualmente se da en los stores de Caixabank. No sabemos bien si los empleados que ahora nos atienden son trabajadores (asalariados por extrañas fórmulas de autoempleo) o una especie de intermediarios que no destacan por su cercanía sino que adoptan una actitud de profesionalidad líquida, versátil, pero también ambigua. Ahora los "profesionales" manejan un abanico de unas 25 frases y las repiten en toda situación. No meten la pata, jamás abandonan el camino trillado, pero tampoco convencen.
La ebullición de la venta en línia a través de plataformas con clara potencia monopolizante vino precedida por una temporada con una especie de dependientes a quienes les era indiferente si te podían ofrecer o no el producto que pedías. No se molestaban en ofrecernos una alternativa o en perseguir nuestro deseo para conseguir el artículo en cuestión. A mí me han llegado a hacer hace poco una venta sin dejar de atender el teléfono y casi sin mirarme. La incomodidad que causa una situación así es mínima en el sentido de que no altera nuestra autoestima, pero va abriendo espacio a la opción de realizar compras sin tener que interactuar con personas puesto que no añade valor e incluso hace aborrecer el trato con desconocidos a los que parece que inspiramos fastidio.
odo tiene que ver con elamor al oficio, además de que haya una habilidad social mayor o menor con el público. Para vender hay que defender lo que se vende, saberlo presentar, cuidarlo. ¿Cuántas veces no le oí decir a mi madre que si estaba con la moral baja perdía la ilusión por la venta y que eso repercutía en las ganancias?
En mi trabajo, donde es muy importante elfactor humano, percibo que a veces algunos usuarios nos ven a los que les atendemos como una molestia en vez de como una ayuda. La gran mentira que a veces esconde la revolución tecnológica preferir rellenar un formulario donde la magia materializará sus aspiraciones, y ven al intermediario como una barrera muy irritante. Los más ingenuos pueden llegar a creer que si no tenemos una maravillosa página web donde puedan proyectar sus pretensiones es porque estamos desfasados. De hecho yo creo que a la larga algún día se usará algún chisme que colme esa magia que eludimos. Pero será perverso y sólo servirá para enmarañarlos y entorpecer o llevarlos a un atolladero, generar estadísticas y estudios de mercado, o desesperarlos.
El cuidado de los instrumentos y herramientas de trabajo, el método, la economía de materiales y gestos, la capacidad de transmitir confianza, fiabilidad, facilidad, etc. es algo que debería transmitirse cuando aprendemos a ejercer un trabajo.
Y otra cosa que he aprendido en mi trayectoria laboral es que un buen profesional siempre respeta a otro buen profesional, aunque sean del mismo sector o no.
En mi opinión la tendencia actual de contar antes con el número de contactos o likes que con su experiencia (especialmente la buena) será pasajera, aunque no es del todo desdeñable. Todo eso cansa. "Menos es más".
El vídeo que añado hoy al álbum es un perfecto ejemplo y modelo de cómo envolver bien una venta sin trampa ni cartón.
Vídeo de@generesdepuntlatorre en Instagram
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