Hace
poco oí en el tren una conversación entre chinos y después de mucho rato
distinguí la palabra "discoteca", que interpreté como la forma con la
que ellos se podían referir a algo que tal vez en su idioma sí tiene un nombre
pero que no es suficientemente preciso. También oí hace poco en el metro a dos
mujeres africanas que de vez en cuando intercalaban frases
en español, como
jirones de alguna
conversación, como si
cuando introducían lo
que había dicho una
tercera persona lo
hicieran literalmente. También
es bastante frecuente
encontrar familias en
que el esposo le habla a la
esposa en catalán y la esposa le contesta en castellano, etcétera. Ayer
coincidí en la línea 45 de autobús
con un padre
que hablaba en
inglés y catalán
y su hija
de unos 6 años contestaba
en inglés. Lo
que yo señalo no son esas
costumbres, sino la mala costumbre de hablar dos idiomas a la vez rompiendo
incluso la sintaxis, o forzándola. Conozco
casos muy cercanos
a mi entorno
y me resulta
bastante exasperante. Especialmente recordando las palabras de
Antolín, que aseguraba que entorpecía mucho la formación y la competencia de un
niño en su lenguaje.
La profesora recomendaba
que en caso
de familias bilingüe
era muy adecuado
que el niño adquiriera el catalán por ejemplo del
padre y el castellano de la madre, y nos prevenía de que lo que era perjudicial
para el
desarrollo del niño
era que el
padre hablara a
la vez los
dos idiomas y
la madre también.
La costumbre dificulta el
aprendizaje y hace
que el niño
apenas pueda distinguir
un idioma de
otro. Si le
hablas en catalán
o español a tu hijo y este, porque le puedes pagar una escuela trilingüe,
te contesta en inglés, no le perjudica, mezclar inglés y catalán o inglés y
español y ya no digamos los tres lenguajes sí.
Verdaderamente
me es igual que me hablen en un idioma o en otro, si es que puedo defenderme en
reciprocidad (no diré "atacar"). Sin
embargo, cuando alguien
me habla en catañol con frases
sacadas como de
la televisión
pretendidamente frescas, como si
buscaran una conversación
chisporroteante y animada,
me muero de
fastidio. Algún anglicismo no está mal, algún castellanismo en el
catalán tampoco, lo que es aborrecible es una lengua que parece una canción de
Manu Chao o de alguien que perdió el senderi. Digamos que la moda étnica (la
"alianza de civilizaciones") y el mestizaje cultural, que está muy
bien, ha hecho mucho daño en mentes mal amuebladas. Es normal que las lenguas
sean permeables a las influencias extranjeras, otra cosa es adoptarlas, todas.
La
segunda costumbre a que me podría referir es la de algunos cantantes que
cambian la fonética del genio de su idioma. Me estoy acordando de Aznar
hablando con acento tejano, pero ahora mismo no encuentro ningún buen ejemplo
de un grupo de rock o de pop que use un acento ajeno a su lengua, un vocalismo
anglófono. Los hay. Está muy estudiado el yeísmo rehilado rioplatense, en
Argentina, que se originó a finales del siglo XVIII o principios del XIX al
parecer, y en
el que no
fue ajeno el
entusiasmo de las
mujeres. Vino de
una moda, por
lo tanto no desdeñemos el poder de una moda por tonta
que sea.


