Las "malas" malísimas de la
antigüedad, como lo fue Livia Drusila en la versión de Robert Graves
sobre la vida de Augusto (Yo, Claudio), la cual debe de seguir las de
Tácito y Dión Casio, eran malas que actuaban solas. Como la Miss Danvers de
"Rebecca" (Alfred Hitchcock, 1940). Hitchcock bordaba estas mujeres
retorcidas sin posibilidad de rehabilitación. Nueve años después de mostrar las
atrocidades de Miss Danvers crea a Milly en "Atormentada"
("Under Capricorn"). El campo de acción de Milly, también ama de
llaves, es la casa, es como para Miss Danvers el poder doméstico. Por eso se
dedica a minar moralmente a Lady Henrietta Flusky (Ingrid Bergman), a dejarla
fuera de juego induciéndola a la bebida, por medio de una especie de vudú
australiano y degradándola delante del servicio, formado por ex-convictas, como
era natural en Nueva Gales del Sur en el año 1831. Tema aparte es la madre
castradora de "Psicosis" (1960), que es para dejarla correr.
Y sin embargo esas malas malísimas
inveteradas y con una mala sombra que le hiela la sangre al más pintado, son
verdaderamente poco comunes. La verdad. La segunda pregunta pues que nos
hacemos es si abundan más las malas que actúan en connivencia, como yo
creo, y si esa forma de "organización" o asociación oportunista es
más propia de las mujeres que de los hombres. Parece ser que el acoso escolar,
que se da en nuestras escuelas desde hace más de diez años y que produce unos
estragos temibles y terroríficos en criaturas normales, es casi siempre cosa de
grupitos o de dos niños o niñas: dos iños o más contra uno, que es perseguido o
pereguida a todas horas y más desde que hay en internet redes sociales. A todos
los padres a los que les he oído hablar de su caso, no se les ha ocurrido
ninguna razón que no sean las clásicas: envidia, celos. "Tú tienes padres
y yo no", oí una vez que le decía un niño de 4 años a otro
mientras le clavaba un conche de control remoto en la cabeza. El caso es que
hay criaturas incluso de 4 años acosadas, y que si van ibien en los estudios
como si no, se van derechitos al desastre y al aislamiento. También se ha
observado que en cuanto se consigue disgregar a los miembros del grupo de
acosadores, el principal instigador se amilana y arruga. El ejemplo o modelo
mítico de la maldad en complicidad es el de las hermanastras feísimas de la
Cenicienta. Si la Cenicienta no consigue ir a la fiesta del baile ayudada
por los ratoncitos, la situación puede prolongarse hasta su vejez.
Se podrá negar la existencia de la
maldad, su magnetismo, se podrá justificar todo en el descarrilamiento de las
personas mayores o menores por razones multifactoriales sociales, etcétera, eso
ahora no importa. Tampoco importa demasiado la forma que adquiere la violencia
y la agresividad en las mujeres y en los hombres. El asesinato confeso de la
niña de Seseña, por otra niña de 14 años, al parecer está originado en la
revalidad por un chico. También porque tenía los ojos azules. El crimen tuvo
una violencia brutal que incluso hace pensar en la familia de la víctima en la
participación de otra u otra personas. Y se dice que la niña asesina confesa no
ha mostrado muestra alguna de arrepentimiento. Por si alguien tenía alguna duda
de que no está en su sano juicio. Hoy se decía también que la niña que ha
confesado, de la que ya se omite hace horas el hecho de que es de origen cubano
(supongo que por la cosa de la alianza de las civilizaciones y porque ya
debe de haber mar de fondo), tenía en su Tuenti una imagen "de una muñeca
con las venas cortadas" (una niña que se cortaba la muñeca y no por su
dorso con un cuchillo enorme, en realidad). Ay, la prensa. Qué obsesión. Lo que
no se ha dicho es si la web la actualizó después del crimen o si el decorado es
anterior. Estas situaciones nos dejan atónitos porque tal vez a lo que sí ya
nos acostumbramos es a la idea de que Circe convirtió en cerdos a los amigos de
Ulises y a la de que Livia Drusilatour operators), también podríamos
decir que en otros países de Europa hay más crímenes de menores. Y com-pa-rar,
a-na-li-zar, cla-si-fi-car, juzgar, sobre todo juzgar, no puede empeorar
las cosas más de lo que ya lo están.

