se introduce en las tinieblas;
quien es devoto de lo manifestado
se introduce en tinieblas más grandes aún"
Isa Upanisad, 12
Me pasa lo mismo con Frankenstein, película basada en la novela Frankenstein o el
moderno Prometeo (1818), de Mary W. Shelley (Mary Wollstonecraft
Godwin). Hay infinidad de películas sobre Frankenstein, incluso alguna hay con
el Hombre Lobo y con Drácula (¡ya puestos!) y con su novia o su hija, pero la
que más me gusta es la versión de 1931 también, dirigida por James Whale e
interpretada por Boris Karloff. Hay una primera versión muda de Frankenstein (J. Searle Dawley, 1910) que se puede ver en una copia
muy deficiente en Youtube, producida por Thomas Alva Edison. La película fue
rodada en cámara fija en plano general durante toda su duración. Apenas dura en
su versión original unos 18 minutos y el monstruo parece un Marylin Manson con
sobrepeso y con unas manos enormes y como garfios. La caracterización de Boris
Karloff es la que ha perdurado, la de un hombre con gigantismo o acromegalia
pero aún sin aquellas tuercas que luego le pusieron -unas tuercas en las
sienes- pero no sé en qué momento. En "Los Munster" (serie televisiva
de 1964) Herman Munster aparece verdoso pero sin tuercas, detalle tecnológico
que me gustaría poder situar pero que creo que me llevaría algún tiempo.
La versión de la novela de Shelley que yo manejo está en catalán y versiona la edición de 1818, la primera que hizo su autora. Después hubo otra edición, de 1831, que creo que es la que se suele encontrar. Pienso que la traducción de Quim Monzó no necesita ser vertida y la reproduzco tal cual para mostrar dos fragmentos que describen al monstruo:
"Amb aquests sentiments, vaig començar la creació d'un ser humà. Com que la petitor de les parts era una gran obstacle per a la rapidesa amb que volia treballar, vaig resoldre -ben a l'inrevès de la meva primera intenció- fer un ésser d'estatura gegantesca; és a dir: d'uns vuit peus d'alçada i proporcionalment ampla. Després d'haver pres aquest determini i havent passat alguns mesos recollint i arranjant els materials, vaig començar-hi" (cap. III).
"Com puc descriure les emocions davant d'aquell fet, o dibuixar l'infeliç que amb tants infinits treballas i atencions m'havia dedicat a formar? Els seus membres eren proporcionats, i li havia sel·leccionat uns trets bells... Bells? Amb prou feines si la pell groguenca li cobria l'obra de músculs i artèries que hi havia sota; els cabells eren negres, lluents i abundants; aquests detalls, però, no feien sinó contrastar més terriblement amb els ulls aquosos, que semblaben gairebé del mateix color blanc que les òrbites que els allotjaven, amb la pell arrugada i amb els llavis rectes i negres" (cap. IV)
El trabajo de los maquilladores de
Boris Karloff y del actor del entrañable Herman Munster estableció como un
arquetipo que poco tiene que ver con la versión de 1910 y que solo guarda algo
de parecido con el retrato que sugirió Mary Shelley. De manera que a veces el
cine está convirtiendo los monstruos en adefesios y en sueños de la razón. No
muy lejos, como en un retablo, están los divos y las divas.
La labor que también es de admirar, casi tanto como la de los cirujanos plásticos reparadores, es la de los maquilladores de difuntos. He visto trabajos notables.
En la lectura más socorrida e inmediata
del libro de Shelley, Frankenstein ilustra la perversión de la ciencia y
la tecnología, cosa a la que contribuye el subtítulo de la novela (El moderno
Prometeo). Una de las obsesiones de la humanidad es la eterna juventud, la otra
perpetuarse o no morirse. Leemos además en la Wikipedia, sobre la novela:
"La elección de la Universidad de
la ciudad bávara de Ingolstadt como escenario de los experimentos de Víctor
Frankenstein bien puede responder a la fama que tenía su departamento de
medicina alrededor de 1800, año en la que fue cerrado. También se suele señalar
que la sociedad secreta de los "Illuminati" fue fundada en esta
ciudad y que Percy Shelley era miembro de dicha organización. De hecho, la
alquimia era muy popular entre los románticos en aquella época y en el entorno
de los Shelley. Por otra parte, era una idea corriente que la humanidad podía
llegar a insuflar una chispa de la vida en la materia muerta (ver "Galvanismo").
A mí todo ese rollo de probetas,
masones, desfibriladores y pócimas no me interesa tanto como otras tres
cuestiones:
- La manera en que la escritora describió el horror y el desasosiego de Víctor Frankenstein en cuanto pudo galvanizar su puzzle de cadáveres recompuesto y darse cuenta de lo que había hecho.
- El hecho de que se hayan establecido conexiones entre la novela y la hija que la autora perdió en un parto prematuro el año 1816.
- Para mí lo más valioso de la obra, el hecho de que traigamos al mundo y tengamos en el mundo "cosas" en general que no podamos aceptar:
"Oh, it is not thus-not thus", interrupted the being. "Yet such must be the impression coveyed to you by what appears to be the purport of my actions. Yet I see not a fellow feeling in my misery. No sympathy may I ever mind. When I first sought it, it was the love of virtue, the feelings of happiness and affection with wich my whole being overflowed, that I wished to be participated. But now that virtue has become to me a shadow, and that hapiness and affection are turned into bitter and loathing dispair, in what shoud I seek for sympathy? I am content to suffer alone while my sufferings shall endure; whan I die, I am well satisfied that abhorrence and opprobium should load my memory. Once my fancy was soothed with dreams of virtue, of fame, and of enjoyment. Once I falsely hoped to meet with beings who, pardoning my outward form, would love me for the excellent qualities which I was capable of unfolding. I was nourished with high toughts of honour and devotion. But now crime has degraded me beneaath the meanest animal. No guilt, no mischief, no malignity, no misery, can be found comparable to mine. When I run over the frightful catalogue of my sins, I cannot belive that I am the same creature whose thoughts were once-filled with sublime and transcendent visions of the beauty and the majesty of goodness. But it is even so; the fallen angel becomens a malignant devil. Yet even that enemy of God and man had friends and associates in his desolation; I am alone" (Frankenstein, cpa. XXIII, en le proyecto Gutenberg, en la versión que parece de 1831) (*)
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(*) " "¡Oh, no, no es esto,
no!" -me interrumpió el ser. "Os lo puede parecer pero no busco
compasión. Nunca podré encontrar simpatía en nadie. Cuando, al principio, la
buscaba, lo hacía por amor a la virtud, porque estaba lleno de sentimientos de
felicidad y afecto que taambién quería participar. Pero ahora que para mí esta
virtud se a convertido en una sombra, y que la felicidad y el afecto se han
convertido en desesperación amarga y repugnante, ¿dónde he de buscar simpatía?
Me conformo con sufrir solo, mientras duren mis sufrimientos. Cuando muera
estaré bien satisfecho de que la abominación y el oprobio llenen mi recuerdo.
Hubo una época en la que, ilusamente, esperaba encontrarme con los seres
que, disculpando mi apariencia, me apreciasen por estar lleno de pensamientos
elevados, de honor y de lealtad. Pero ahora el vicio me ha degradado por debajo
de los animales más viles. No hay ninguna culpa, ninguna maldad, ninguna
desgracia comparable a las mías. Cuando recuerdo la pavorosa lista de mis
crímenes, no puedo creer que yo sea el mismo que, en otros tiempos, tenía los
pensamientos henchidos de visiones sublimes y trascendentes sobre la belleza y
la majestad y la bondad. Pero así es: ese enemigo de Dios y de los hombres tuvo
amigos y compañeros en su desolación. Yo en cambio estoy solo." [Mi
traducción sobre el texto vertido por Quim Monzó]


