"Fotograma" de "Katyń" (Andrzej Wajda,
2007)
CREONTE. Tú eres la única entre los cadmeos que lo ve así.
ANTÍGONA. También lo ven éstos, pero por ti se muerden
la lengua.
CREONTE. ¿Y no te da vergüenza pensar distinto de éstos?
ANTÍGONA. No es vergonzoso honrar a los nacidos de las
mismas entrañas.
CREONTE. ¿No era de la misma sangre también el que murió
enfrente de éste?
ANTÍGONA. De la misma sangre, nacido de una sola madre y del
mismo padre.
CREONTE. ¿Cómo entonces le honras con una gracia impía para
el otro?
ANTÍGONA. No atestiguará esto el muerto.
CREONTE. Sí, si le honras igual que el impío.
ANTÍGONA. No era un esclavo, sino su hermano quien murió.
CREONTE. Pero intentando devastar esta tierra; el otro, en
cambio, se le opuso defendiéndola.
ANTÍGONA. Con todo, Hades quiere leyes iguales.
CREONTE. Pero al bueno no le ha de tocar igual que al malo.
ANTÍGONA. ¿Quién sabe si bajo tierra la piedad es eso?
CREONTE. Nunca, ni aun después de muerto, el enemigo ha de
ser amigo.
ANTÍGONA. No he nacido para compartir el odio, sino el amor.
CREONTE. Entonces, desciende bajo tierra, y, si has de amar,
a ama a los muertos. A mí, mientras viva, no me mandará una mujer.
Sófocles, Antígona.
Hubo un tiempo, no hace tantos años, en que se pagaba a los
dramaturgos y a los novelistas por línea escrita, y de ahí que hubiera
en los diálogos laconismos como "Sí", "Bueno",
"No", "Usted dirá", "Será", "Si usted lo
dice..." y frases por el estilo de relleno y paja, que no añadían
nada al desarrollo de la acción ni a la profundización de los caracteres, pero
que proporcionaban a los autores de comer. El diálogo de Antígona y de
Creonte, su tío, es todo lo contrario. Hasta demasiado que se profundiza como
para poder ni respirar. Es trepidante. Y sin embargo, ¿cuántas veces no se habrá
repetido a lo largo de la historia de la humanidad ese mismo diálogo (con otras
palabras) fuera en griego, en francés, en inglés, en español, en alemán, en
polaco? En mi biblioteca hasta está en catalán -con esas mismas palabras-
porque tengo la maravillosa versión rítmica de Carles Riba de las
tragedias de Sófocles. Antígona se estrenó el año 442 a. J. C.
Nos referimos a los clásicos pues como aquellas obras que
siempre son actuales, que resisten el paso del tiempo y que todo lo más
experimentan un enriquecimiento de su valor cuanto más se leen. Pero me
gustaría precisar que hay versiones actuales de los clásicos que consiguen lo
inimaginable, como es el caso -en mi modesta opinión- de
"Troya" (Wolfgang Petersen, 2004), con un Aquiles-Brad Pitt que
me trituró la Ilíada de mi adolescencia y hasta a Patroclo y a los
caballos llorando la muerte del héroe pelida, y con todos esos cactus mejicanos
trasplantados a la costa de Turquía en un alarde inútil de derroche de
recursos.
Ayer fuimos a ver Katyń, tal vez la última
película del director polaco Andrzej Wajda. En otra sala se visionaba
"Ágora" (Alejandro Amenábar, 2009), que al parecer según la crítica
está tan llena de goofs o anacronías o simplemente fantasías,
que ya he descartado ver ni que sea el tráiler. Yo sólo espero que igual que
tras "Mar adentro" (Alejandro Amenábar, 2004) la vida nos regaló "Million
dollar baby" (Clint Eastwood, 2004), donde la eutanasia sí se presenta
sin insultar la inteligencia ni los sentimientos de nadie, después de
"Ágora" la vida nos regale una película que no sea tan chapucera ni
partidista y que nos reconstruya la Alejandría que muchos amamos y una Hypatia
sin manipulaciones de rabiosa actualidad. Servidora está ya más que
indignada por esa serie que estrenó el otro día Antena 3, "Curso del
63", en la que hacen servir un atrezzo de los años 20-40. Lo mismo
o parecido denunciamos en *A la flor del berro para "Cuéntame",
donde se mezclan elementos de un intervalo de 50 años alegremente.
Yendo a lo que iba: a pesar de que en la cola del Verdi
Park se oía como una letanía "2 para Ágora" y "15
euros", en la sala C aún había bastante gente. En la sesión de los
autistas o de los que se pueden pagar una comida en alguno de los
restaurantes cercanos, en el barrio de Gracia, donde nací, había cosa de 25
personas. "Katyń" es una película sobre la masacre de por lo
menos 15.000 oficiales polacos, pero pudieron ser muchos más, por la
policía secreta rusa (NKVD). En cualquier caso, fueran 15.000 oficiales o
fueran 22.000 oficiales, comparado con la matanza de Paracuellos del Jarama en
nuestra Vil Guerra Civil, matanza en la que cayeron cosa de 5.000 hombres, se
puede hablar de una total descapitalización del Ejército polaco y por lo tanto
de la esclavitud de Polonia, que quedo repartida -por el tratado de
Ribbentrop-Molotov al final del verano de 1939- entre el III Reich y el
gobierno stalinista. De hecho, la película arranca con una
primera escena en un puente donde un grupo de civiles huyen, unos hacia los
rusos y otros hacia los alemanes. Es lo que se dice estar entre la espada y
la pared, o irse de Guatemala para meterse en Guatepeor. La música,
de Krzysztof Penderecki, no adopta el papel de añadir más emotividad de
la que hay. No hay regodeos. Esto hay que decirlo, porque -con perdón del
respetable- está una hasta más arriba de la coronilla de la música
para los que necesitan sentirse mejor de lo que son para aliviar su
conciencia y está hasta el moño de la música de sintetizador pajillera.
El padre de Wajda fue llevado al bosque de
Katyń cuando él tenía 13 años, así es que ha hecho una película sobre sus
propias vivencias y muchos de los detalles que se relatan son verídicos y están
muy elaborados en su propio interior:
"A
parallel theme to the Katyń crime is the Katyń lie and the official Soviet line
that the Germans had committed the deed in 1941 after invading Soviet territory
during the war.
This lie had
its greatest impact on the wives, mothers, and daughters of the murdered
officers. For it was these women, in their struggle to discover the truth, who
experienced the greatest repression from the new government following 1945.
This is why,
for years, Katyń has been an open, festering wound in the history of Poland
that begged for a Polish film to address this topic. The first film" (*) (Web Oficial de Wajda [enlace roto])
Hay por lo menos dos incongruencias de este mundo que
no entiendo en absoluto: la primera es que haya profesores de yoga que
vayan a dar clases en avión y, la segunda, más terrible, que los rusos le
echaran la culpa de la matanza de Katyń a los alemanes. A no ser que pensemos
que Stalin quisiera además de descapitalizar una parte de Polonia
(los nazis ya se habían librado de los profesores de la Universidad de
Cracovia en otra
escena), cargarle las culpas al III Reich, rentabilizando políticamente la
masacre. De manera que la NKVD se tomó la molestia de matar a los oficiales
disparándoles en la nuca, porque así es como lo hubieran hecho los nazis. Lo de
que los profesores de yoga fariseos vayan a dar clases en avión sí que no tiene
explicación alguna.
Hay una tercera
escena de "Katyń" en la que me quiero detener. Es una en la
que Agnieszka, la hermana de un piloto ingeniero, cuando sabe finalmente que su
hermano fue encontrado en una fosa común del bosque de la masacre, vende su
cabellera rubia para comprarle una lápida de mármol con el retrato
esmaltado ovalado del difunto. Agnieszka va a un teatro y vende su pelo a
una actriz que perdió el suyo en el campo de concentración de Auschwitz (pol. Oświęcim).
Al salir del teatro sin su larga melena y con el dinero se ve en un
breve fotograma el cartel de Antígona, la hermana de Polinices, que
quiso dar sepultura a su cadáver ultrajado a pesar de que Creonte lo hubiera
prohibido. Por si teníamos alguna duda. Agnieszka hace labrar en la lápida una
inscripción sobre la muerte de su hermano en Katyń y
pretende que se ponga en la catedral ("El tema de Katyń se mantuvo
prohibido", "las familias de los asesinados no podían encender velas
ni siquiera en las tumbas simbólicas de sus parientes", "muchas de
las tumbas, al este del río Bug, están cubiertas por árboles"). Agnieszka
es llevada por la policía secreta a una celda subterránea. Cuando antes de
bajar las escaleras vemos que la hacen quitarse el cinturón del ajado abrigo,
recordamos que Antígona se suicidó y sabemos -aunque no se nos explica
más- que a Agnieszka le espera un final peor. ¿Peor? Sí, peor.
"Katyń" con tantos personajes femeninos ilustra
más el mito de Antígona que no la historia de la Lisístrata y
la huelga no japonesa de sexo que nos explicó Aristófanes, en la
que las atenienses se pondrían de acuerdo para oponerse a la guerra. Las
mujeres de "Katyń" son muy fuertes. Cuando Maria pierde a su marido,
el profesor Jan, cree que esa desgracia le librará de perder a su hijo, pero su
planteamiento, simplemente cuando lo pronuncia, ya se desmorona por sí
solo. Porque en las guerras el hecho de perder al marido no excluye la
posibilidad de perder también un hijo, o un hermano. Al contrario.
La película de Wajda no es como para pasar un buen rato,
está claro, pero sirve para defender la idea de que la memoria histórica
es necesaria. Sin exaltaciones (la llamada "memoria histérica")
ni rentabilizaciones políticas, claro está. Sin manipulaciones. En la justa
medida. Sin "imaginación" histórica. Sin goofs. Con respeto.
Sin alharacas. Sin grandes dispendios.
Hoy por cierto es el día de las Fuerzas Armadas y
hace dos que trajimos de Afganistán el cadáver del soldado español Cristo
Ancor Cabello, muerto en "misión humanitaria" por una mina, para
poderle dar cristiana sepultura según las creencias de su familia. El Ejército
español fue descapitalizado hace unos años no por Stalin -obviamente- sino por
el Ministro de Defensa Narcís Serra i Serra (1982-1991), con el objeto
de democratizarlo y modernizarlo. Una de las últimas leyes aprobadas por el
segundo gobierno de José María Aznar (1996-2004) permitió la descapitalización
de la clase médica, puesto que se rebajó la edad de jubilación de los 70
años a los 65 años, cosa que provocó sólo en Cataluña que el año 2005 se
retiraran cosa de 550 médicos y médicas. Servidora, como es muy exagerada, se
permite comparar estas descapitalizaciones o modernizaciones respectivamente
con la masacre de Katyń y la matanza de profesores de la Universidad de
Cracovia. Aunque donde digo "Digo" puedo decir honestamente
"Diego" si se me convence con buenas razones, en lo que no cejaré
nunca es en la creencia de la división de poderes (según Montesquieu) y en no
excluir a nadie tal y como se defendía con Enric Boada (**) en el post
precedente, incluidos los que nos defienden.
(*) "Un tema paralelo del crimen de Katyń es la mentira
de Katyń y la postura oficial soviética de que los alemanes habían cometido el
crimen en 1941 después de haber invadido el territorio soviético durante la
guerra. Esa mentira tuvo el mayor impacto en las esposas, las madres y las
hijas de los oficiales asesinados. Por esta razón, en su lucha por descubrir la
verdad, estas mujeres fueron quienes experimentaron la mayor represión del
nuevo gobierno del 1945. Esto es por lo que durante años Katyń ha sido una
herida llagada y sangrante en la historia de Polonia y clamaba por una película
polaca que tratara sobre el tema. La primera película".
(**) "Se formarían gobiernos provisionales que
declararían el estado de guerra simultáneo en todas las naciones. Todo y todos
quedarían movilizados. Sería una auténtica guerra santa, una guerra contra
nadie.
Los ejércitos, que en otro tiempo contribuyeron a la
formación de las naciones, serían ahora fundamentales también en los inicios
del cambio. Con su experiencia estratégica, su preparación para las grandes
maniobras y su capacidad de intervención rápida" (Enric Boada, Cuando
morir sea una fiesta, pág. 48)
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