La uso para introducir dos asuntos. En primer lugar el aviso de mis cortas vacaciones, que este año pasaré entre Barcelona y Nueva York. Y con eso no quiero decir que estaré en un punto indeterminado del Océano Atlántico. No, lo que quiero decir es que pasaré parte de mis vacaciones en Barcelona y parte en Nueva York.
En cuanto al tener lo que se dice tener, hoy oí en la
radio que el presidente del Parlament de Catalunya tiene en su iPod
cosa de 6000 canciones. No soy capaz de hacerme una idea de lo que representa
ese número, se me desdibuja el alcance. Un poco me pasa como en los primeros
tiempos de la instauración del euro o neuro, cuando las cifras
resultaban bastante desconcertantes. No sé cuantos boleros hay en el
mundo, desconozco el número exacto de las obras de Mozart (a pesar de que las catalogó todas
Köchel) y de todas las versiones que ofrecen las discográficas. Sé que la
oferta es inmensa. Hoy también oí en la misma emisora donde oí lo del iPod de
Benach un cd de “Sonido amazónico” de un grupo llamado Chicha libre, que ofrece
una música que fusiona la cumbia peruana y el estilo spaguetti
western con letras en francés. Así dicho podría sonar a Manu Chao o a Renato
Carotone, pero no. En fin, el caso es que lo que pueda tener Ernest Benach
en su iPod no me interesa demasiado, entre otras razones (tengo varias) porque
probablemente ni siquiera se lo habrá descargado él mismo o lo habrá hecho en
grandes bloques. Servidora tiene puesto en el driver de un DENON que me compré
el año 1991 un CD original con las Gymnopédies de E. Satie desde hace
cosa de 5 meses. Pondría otro disco, que tengo bastantes, pero ¿para qué?
Cuando quiero oír algo diferente sintonizo un transistor pequeño que
tengo, que va con dos pilas AAA o doy tumbos por Youtube. Podría ampliar estos
datos, pero lo que ahora me parece verdaderamente interesante destacar es el
asunto de la acumulación o acopio de información, de registros, de libros, de
colecciones, de lo que sea. Tener, that’s the question. Supongo que eso
también va con la manera de ser y que en definitiva es posible que haya
gente que pasa más tiempo recopilando y “bajándose” música, vídeos,
etcétera que disfrutando de lo que ha conseguido. Probablemente si algo tiene
de distintivo nuestra época es que hay personas que no pueden disfrutar de
lo que tienen.
Paralelamente a la anécdota de Benach, está la del blog
de Jordi Hereu, el actual alcalde socialista de Barcelona, que nos cuesta cosa
de 315.000 euros al año [el blog], según reveló un concejal de Convergència
i Unió el pasado mes de junio. Los que por aquí estamos ya sabemos que un blog
no tiene por qué costar ni un duro (un duro son 5 pesetas, que vendrían
a ser 0,03 euros) y que, en principio, por definición, debería ser algo
personal. Me atengo al artículo de la Wikipedia sobre los blogs y las bitácoras. Así que el
alcalde tiene un blog, pero cualquiera puede pensar y creer y tener para sí que
lo más seguro es que poco o nada interviene en lo que aparece en él, que lo
hace todo ICB, la empresa
de comunicación e imagen del Ayuntamiento.
Independientemente
de si el blog es atractivo, útil y operativo o no lo es, que yo creo que
no lo es, lo que me tiene a mal traer de estos blogs y otros parecidos es además
del dinero público que cuestan, lo mucho que desvirtúan y desacreditan
un instrumento de comunicación tan válido como es una bitácora. Así que a
partir de este preciso momento, este blog va a referirse al del alcalde, si es
que se refiere alguna vez de ahora en adelante, como la web del alcalde.
Una vez hecha esta “desambigüación”, es cuando podemos decir que en general en
los blogs pesa más el “ser” mientras que en las webs, sobre todo las
institucionales, las que son como escaparates, pesa más el “tener”.
Bonnes
vacances!
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