16/7/17

Casos abiertos: la estampa de Aegidius Sadeler

 




o sé si voy a hablar de lo que no sé o de lo que sé o de las dos cosas. La exposición "Imatges per creure: Catòlics i protestants a Europa i Barcelona, segles XVI-XVIII" muestra una colección de grabados y algún impreso que rara vez podemos disfrutar públicamente. El comisariado es del Museo de Historia de Barcelona. No conocía el grabado de Aegidius Sadeler, que lleva un rótulo donde se indica que se reprodujo por la técnica de "Burí sobre paper verjurat encolat" (página 62), es decir que es una calcografía con buril o talla dulce en papel verjurado. 
 Es la imagen que reproduzco en segundo lugar y que han titulado "Descendimiento de la cruz" (Davallament de la creu) aunque en realidad se trata del Entierro de Cristo, ya que el Descendimiento de la Cruz ya lo grabó Sadeler y es una imagen canónica típica con otros motivos. Pero mi post no se refiere al concepto (descendimiento o entierro). Mi post es sobre mi observación de que la imagen que vi ayer en la estampa de la exposición estaba girada 90º horizontalmente con respecto a la que hoy encuentro en la Biblioteca Digital Hispánica (BNE). En la BNE Cristo tiene su cabeza mirando a la izquierda y en la Col•lecció Gelonch Viladegut Cristo tiene su cabeza mirando a la derecha. 
La obra en que se basó Aegidius Sadeler es el Entierro de Fiori Barocci, que se encuentra en el Victoria and Albert Museum. Lástima que en la colección mostrada en la web han puesto por error que es de principios del siglo XVIII cuando el autor es del siglo XVI.
No comprendo porqué hay esta diferencia entre las dos estampas si el procedimiento calcográfico es el mismo y proviene de la misma "plancha". Es algo que he advertido porque sin querer he cultivado una memoria fotográfica considerable. Hace unos años hice digitalizar una fotografía antigua de mi abuelo paterno y enseguida noté que le habían cortado los pies. Se ve que el formato de impresión no coincidía con el de la imagen. Desconozco porqué no la redujeron. La rechacé. Y años antes me habían pasado a papel fotográfico una diapositiva y me la hicieron al revés, como si se hubiera tratado de un negativo. Además me dijeron que eso no tenía importancia. ¿Cómo no va a tener importancia que tú tienes un recuerdo de un farallón donde el mar está a la izquierda que te lo pasen a la derecha? Después de ese par de experiencias poco más volví a hacer "positivar". Este caso no puede ser de algo parecido al "positivado". Como la imagen está cortada por el pie, dato nada desdeñable e incluso sospechoso, tal vez ese factor indicará más a quien de esto sabe.
Las chapucillas que podemos asimilar a la rapidez con que se hacen las cosas con las nuevas tecnologías no explican el caso que propongo. No le encuentro ninguna explicación, pero voy a buscarla. De momento guardo el tema en mi carpeta de casos abiertos.
Recomiendo vivamente ver las piezas expuestas por ver las obras tan cuidadosas que hicieron los grabadores, que manejaron con primor sus herramientas, en este caso contra la Reforma.

El entierro de Cristo por Aegidius Sadeler, 1595-1597
Biblioteca Digital Hispánica (Biblioteca Nacional de España)

El entierro de Cristo por Aegidius Sadeler, 1595-1597
Col·lecció Gelonch Viladegut

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15/7/17

El desprecio, el orgullo, los prejuicios



acaciones en Roma (William Wyler, 1953) se proyectó el jueves en la Filmoteca en la programación de "Fotógrafos de prensa". No me voy a referir a la película, de la que tanto se ha hablado y escrito, más que para volver a la escena en que Audrey Hepburn como princesa Ann recibe a la prensa en su visita a Roma. En la primera fila están Gregory Peck y el paparazzi que les había hecho fotos durante el día que pasan en Roma, tan envidiable. La altura de ellos dos destaca más por cuanto están entre dos hombres bajitos. Son Julián Cortés Cavanillas y Julio Moriones. Representa que la princesa se digna saludar a los representantes de prensa acreditados para cubrir su visita a la ciudad eterna. La escena se desarrolló con periodistas reales. Julián Cortés Cavanillas se presenta con su nombre y el de ABC y es quien aparece en el centro de la imagen de hoy. Además de ser un periodista "real" era monárquico. A continuación de Gregory Peck (Joe Bradley, de American News Services) se presenta "Julio Moriones, La Vanguardia de Barcelona". Julio Moriones era pamplonés y fue corresponsal del diario barcelonés hasta 1977, en Roma. Julián Cortés Cavanillas fue enviado el 1945 y salvo algunos periodos cubriendo otras regiones, estuvo en Roma hasta 1971. 
Ofrezco las dos imágenes para que se aprecie que al ver la película el primero que vemos es a Cortés Cavanillas y conforme avanza la escena es cuando vemos a Moriones. Cuando vi la película este jueves está claro que gran parte del público no había visto previamente la película o desconocían esta escena. Y esto lo he de suponer porque cuando se presenta Cortés Cavanillas se produjo una reacción chusca por una gran parte de la sala, entre la sorpresa y el desprecio. Incluso oí que alguien decía en voz alta "¡Vaya taco!" (porque Cortés era de poca estatura). Cuando a continuación de Gregory Peck aparece en escena Moriones y se presenta, la reacción de las butacas volvió a producir risas de sorpresa pero no tanto de desprecio, como si el orgullo que no había aparecido con el corresponsal de Madrid se hubiera reservado para el de Barcelona. El pitorreo con el corresponsal del ABC fue como una especie de linchamiento no sé si al personaje, a su aspecto, a su condición de madrileño o a su filiación al ABC, o de todo un poco. También podría haberse debido a ser español, como si no se esperase -incluso en una película- que apareciera "representado" nuestro país, como si siempre nos tuviéramos por poco o por casi nada. Y la reacción del público convertido en chusma cuando la cámara llega a Moriones sigue siendo de sorpresa porque, de acuerdo con nuestros complejos de siempre, no se esperaba que apareciera un representante de Barcelona.
Curiosamente el sentimiento español o de pertenencia a España es siempre una paradoja y algo irreductible a la razón, aunque se puede explicar, cosa que ya es algo en lo que depositar la esperanza. Por una parte nuestra condición, se acepte o no (que ese es otro tema) suele estar rodeada de fastidio, regodeo en la zafiedad y rechifla generalizada. En unos casos hay como una especie de humor negro o marrón de la inferioridad, en otros lo que hay es hostilidad a la mera idea de que España pueda ser una nación o de que lo sea. Ese fastidio o tirria a veces tiene que ver con un sentimiento antiespañolista proclive a otros nacionalismos, otras veces es simplemente antiespañol. No sé si reacciones como las que viví el jueves se producen en otros países como Reino Unido o Francia o Rusia. Debo pensar que también en esas naciones habrá quien se oponga a lo tópico y lo típico de sus costumbres y sus ritos.
Los que somos hijos de emigrantes podemos asimilarnos al lugar donde fuimos acogidos y olvidar nuestras raíces, o podemos mantener un pie aquí y otro allí. Cuando se constituyó el estado de Israel parece que los judíos de diversas procedencias (azquenacíes, serfadíes, etc.) no tuvieron gran problema de mezclarse. En los primeros años. Luego aparecieron las discordias o peculiaridades o características. Los emigrantes propiamente dichos tampoco es que puedan volver a su lugar de origen como si por ellos no hubiera pasado nada. No sirven ni para ser lo que se supone que son los de su pueblo ni para ser los que se supone que son los del lugar donde se fueron a ganarse la vida. No se pueden llevar las raíces al aire como tampoco podemos enterrar las ramas. O algo así.
Observo con preocupación como en las salidas de los colegios para visitar, qué sé yo, una fábrica (alguna habrá) o un museo, en los grupos se advierte un gran número de niños de procedencia "extracomunitaria" (sudamericanos, paquistaníes, etcétera). Me refiero a los colegios públicos sobre todo. Doy fe de que hay muchos padres que dicen que no quieren llevar a sus niños a los colegios públicos porque hay demasiados emigrantes. Lo que no sé es si están dispuestos a admitirlo públicamente, valga la redundancia. No lo sé. Lo que sí sé es que podría pasar que dentro de unos años esos niños ya adultos incuben alguna especie de rencor, algo de lo que no están exentos -al parecer- algunos yihadistas que han actuado en actos terroristas en Europa. Todo, el nacionalismo pequeño, el nacionalismo grande, el desprecio, el orgullo, los pejuicios, tienen que ver con un sentimiento de inferioridad.

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La défilé de ayer en París a ritmo de Daft Punk, con motivo de los festejos del 14 de julio y ante Donald Trump, es algo sorprendente porque lejos de optar por la pompa que por ejemplo rigió en el protocolo con que esta misma semana se recibió a nuestro Rey en Londres, ha sido una especie de pirueta diplomática muy audaz. En vez de desplegar el boato tradicional y secular, Macron mostró una clara propuesta festiva que en las redes han calificado por unanimidad como sorprendente. La sonrisa de Macron frente al rictus a que nos tiene acostumbrados el presidente de EEUU (entre hosco y despectivo), muestra ante todo seguridad, convicción. Es toda una declaración de intenciones.

Julian Cortés Cavanillas en Roman Holiday


Julio Moriones en Roman Holiday


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