Hace tiempo que abundan en los medios expresiones recurrentes que se usan hasta que se gastan o adquieren demasiados significados. Una de ellas aún en boga es "legislar en caliente", frase con la que se quiere prevenir de la preparación y promulgación de leyes que pretenden responder a una realidad continuamente actualizada con prontitud, sin dejar un tiempo de reflexión y de poso. De ahí he recreado yo otra expresión, "escribir en caliente". Aunque también podríamos decir "dibujar en caliente" y muchas más.
Ya dijimos aquí que últimamente la Real Academia Española estaba haciendo lexicografía como nunca antes lo había hecho, incorporando palabras que apenas permanecerán, cuando en épocas no muy lejanas se dilataba tanto el plazo de reflexión que apenas trascendía alguna palabra y eso cuando ya casi había perdido su frescura. Se diría que la RAE hace ahora lexicografía "en caliente", como si el tiempo fuera algo que solo se puede perder y lo moderno y megaestupendo fuera producir muchos outputs, mucho movimiento y cantidades ingentes de voces y términos que la automatización ya sacrificará con la misma presteza que los admite. En tal caso me temo que la RAE se convierta en una especie de Dow Jones lexicométrica y que incluso los filólogos acaben haciendo especulaciones, como parece que las hacen todas las nuevas profesiones víctimas de la mercadotecnia.
Leo en "The Lancet", que es una de las publicaciones señeras y venerables de la Medicina, pero también moderna, que se suman a la solidaridad con los dibujantes de Charlie Hebdo:
"The role of journals, including medical journals, is to provoke, criticise, and debate—even to offend—as well as to report, explain, and interpret. Article 2 of France’s Declaration asserts the right to “liberty, property, security, and resistance to oppression”. In defence of our collective right to resist those who seek to destroy our liberties, we stand side-by-side journalists at Charlie Hebdo"
Editorial, The Lancet 2015; 385 (9964): 202.
La gente que hace unos años se reía a costa de los gangosos y los tartamudos, la gente que tenían como una fuente principal de inspiración humorística a los homosexuales es poco más o menos gente que tenía la misma pulsión onanista y gilipollas que estos otros pobres desgraciados que malviven a costa de las debilidades ajenas.
El humor -blanco, negro, verde, amarillo, etcétera- es necesario como lo es el agua, no menos. Cada día más. Lo que nos preguntamos muchas personas es si ese humor con resabios testimonialistas (que ya es lo último o lo siguiente) le sirve a alguien para algo. Los dibujantes de Charlie Hebdo, a sabiendas de que los ánimos de algunas personas muy irritables estaban enervados y exaltados, podían haber optado por el humor de verdad y sólo han conseguido -además de colocar en la calle cinco millones de ejemplares y más- de su último número, hacernos llorar más. Hay que aquilatar entre dejarse extorsionar por el terror no cediendo a sus desmanes y su fanatismo y refocilarse con una broma que ha molestado.
