"Entonces cada persona hacia una señal a su masa para no confundir los panes que se iban a meter al horno. Unas por medio de un hierro parecido al de las reses, pero en pequeño, hacían su señal, con una letra, o con lo que tuviera diseñado en el hierro. Las que no tenían, hacían una señal con dos dedos, o un rebaje en la esquina de la masa.
Y algo parecido ocurría con el ganado y con los enseres de los marineros. Es el caso de las "marcasdos mariñeiros" de A Guarda, en Pontevedra, con las que señalaban la propiedad de sus aparejos y demás. Hay algunos signos que me recuerdan al alfabeto cirílico croata, del cual apenas tengo la más ligera idea. Son marcas muy esquemáticas y que nos hacen sospechar que estarían pensadas para no poder ser transformadas (a favor de un "nuevo" propietario).
Una vez que ingresaron a mi padre en una clínica para ajustarle la medicación, tuve que marcar sus pañuelos. Mi padre usaba los pañuelos de paño y usaba muchos (cosa de diez pañuelos diariamente), así que mi madre pertrechó cosa de cien pañuelos que yo tuve que marcar con ayuda de un rotulador de tinta permanente negro. Escribí cosa de cien veces "Domínguez" y ahora me doy cuenta de que nos hubiéramos evitado tanto trabajo si nos hubieran permitido substituir un apellido tan largo por una marquita. El caso es que al cabo de un mes se murió y todos los pañuelos, esos y otros tantos, junto con toda su ropa prácticamente, fueron a parar al Cottolengo.
Hace unos años entre los artículos de fiesta destaca, siempre a mi entender, esas señales que se usan para distinguir los vasos de cada cual. Y el terreno de la personalización de cuanto se nos ocurra es ilimitado, especialmente en un mundo en el que hay tantos objetos y tanta personalización.
Pero lo que siempre me ha fascinado no han sido ni los pelos ni las señales, ni las huellas, ni los sellos ni la escritura. Lo que más me ha fascinado han sido las sombras. Nada nos representa tan bien en el espacio y en el tiempo como nuestra sombra.

