e veo en la obligación de advertir que el contenido de este post puede herir la sensibilidad de algunas personas. Y es que hay quienes no sufren la vista de la sangre, una mención a un procedimiento quirúrgico o incluso el olor que dicen que tienen los hospitales. En el caso más que peregrino de que alguien así llegara a este blog, queda avisado de que excepcionalmente voy a referirme a una operación cuyos detalles pueden resultarle desagradables.
La fotografía de hoy -para ir rompiendo el
hielo- es antigua, de 1946, y es la imagen de un niño de seis años que acaba de
recibir de la Cruz Roja unos zapatos nuevos. Como me decía el otro día B.G.
de su nieto, se ríe "con todo el cuerpo". Este niño me lo recordó
otro al que le acaban de hacer unas orejas porque es micrótico de nacimiento,
vulgo "desorejado". También nació sordo, pero le pusieron un implante
coclear y oye a la par que habla claramente. En un reportaje de la BBC pueden ver el vídeo donde el cirujano
plástico le explica al niño lo que le va a hacer y lo hace en términos
sencillos. La operación fue en dos tiempos: primero le extranjeron trozos de
cartílago de seis de sus costillas y a continuación a partir de este material
le cosieron y moldearon unas orejas que le pusieron en una especie de bolsillos
de piel que mediante una succión ulterior adquirieron la forma de la base
cartilaginosa, como pueden apreciar en una fotografía del mismo reportaje. Al
parecer esta intervención del London's Great Ormond Street Hospital se verá muy mejorada
pronto en cuanto se aplique la tecnología de las células madre para la creación de
tejidos y por lo tanto no haga falta extirpar las costillas o no tanto.
No me resultó tan llamativo el implante,
succión incluída, para que las orejas adquirieran relieve y la forma
característica de los pliegues, como el hecho de que tuvieran una forma tan
lograda. Ya hace un tiempo que aquí en el post titulado "De piedra" incluía un clip de las orejas en el arte puesto que había
reparado en que en la escultura hay ejemplos muy logrados y pulquérrimos al
lado de otros que más bien podrían ilustrar casos clínicos de orejas en coliflor o de luchador. Les aseguro que hay
casos clamorosos donde unos rasgos finísimos de mármol enamorado están rematados con un
par de pabellones que parecen dos bodoques o dos gurruños amazacotados y
burdos. Lo mismo que digo para la escultura creo que se puede mantener para la
pintura.
Para mí por lo tanto lo más llamativo
fue que además el cirujano plástico, Neil Bulstrode, tomara como modelo y
"plantilla" (stencil) las orejas de la madre del niño. No sé
si a ustedes todo lo demás les resulta tan normal como a mí, que he leído
montones de informes de reconstrucciones mamarias, faciales, etcétera. Es que
en el vídeo además no se explica cómo llegamos del stencil de la oreja de la madre al moldeo de los
cartílagos. No veo yo que sea una cosa tan fácil a no ser que se pudiera hacer
con un AutoCAD o algo que se le parezca. Si hay esculturas con orejas
horrendas, ¿qué nos hace pensar que es fácil conseguir unas orejas bien
torneadas?
A pesar de que el cirujano plástico le
explicara al niño el invento como algo sencillo, sabemos pues que no lo es. Esa
sencillez es en parte modestia y sprezzatura pero también tiene una voluntad
terapéutica. Otra cosa es que a veces los médicos tienen que salvarse de
posibles contratiempos y ponernos en una cierta preocupación, pero está claro
que su actitud tiene que situarse entre la responsabilidad, la atención, la
consideración, la modestia y la claridad.
Algunos científicos suelen ignorar -en
los dos sentidos de la palabra ignorar- las medicinas tradicionales de China y
la India. Aunque la medicina de China no contempla la cirugía y los
traumatismos abiertos son o eran resueltos mediante entablillados y emplastos,
la medicina ayurvédica india tiene una parte quirúrgica importante. Ya a
principios de siglo pasado los ingleses conocieron las técnicas ancestrales
para la rinoplastia. Y yo diría que no es moco de pavo que el Súsruta-samjitá (siglo III-IV d. C.),
texto atribuido a Súsruta, queda documentado que se hacían injertos
pediculados, esto es injertos cutáneos en que una parte
permanece unida al área donante para asegurar su riego sanguíneo, mientras que
el resto es trasladado a la zona receptora. De hecho la reconstrucción de nariz
mediante un injerto pediculado procedente de la piel del hueso frontal en
inglés se conoce como "indian flap".
Pero en un mundo hiperconectado no hemos
conseguido alcanzar una buena comunicación no ya entre las gentes que hablan
diferentes lenguas, sino incluso entre los que hablamos la misma lengua aunque
sea mal.
"New Shoes" de Gerald Waller (Viena,
1946)
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