ay tantas variantes de la little black jacket (Coco Chanel, 1954) que es difícil creer ya que el modelo original tenía las mangas tres cuartos. Se suele decir que eran así de cortas porque a la costurera le gustaba mostrar sus brazaletes. También, digo yo, porque es bello que se vean las mangas de la camisa. Alguna chaqueta de Chanel, no sé si auténtica o falsificada, he visto con las mangas por las muñecas o casi, como las que suele llevar Carolina de Mónaco. Estoy convencida de que es una prenda comodísima, pero solo si excluyo la particularidad de que lleva cosida una cadenita en torno al forro, de manera que le da al tweed una mejor caída pero también un peso adicional. En cualquier caso, siempre me pareció que es una chaqueta que depende mucho de quien la lleva y puede por lo tanto resultar desde vulgar hasta cursi. Por lo demás, y por lo que llevo visto y leído, parece que la moda se dejó llevar siempre por dos tendencias: la marcada por las guerras y la ropa y accesorios militares, y la marcada por la inhibición, exhibición y desinhibición sexuales. La ostentación no estoy muy segura de que sea una variante del reclamo erótico.
Pasé
un buen rato con un vídeo sobre el tweed
de Harris, la tela tejida a mano que se hace en Escocia. Lo bonito del
asunto es que el de Harris se caracteriza porque la tela se tiñe con un líquen
que abunda en la isla de la factoría. Pero el de Donegal, irlandés, se tiñe con moras, fucsias, tojo y musgo. Los
líquenes me interesan sobremanera porque son una especie entre las algas y los
hongos, cosa que no sé si estoy preparada para ensalzar como algo absolutamente
maravilloso y admirable, habida cuenta de la dificultad que hay también en
clasificar los hongos, que finalmente se han determinado en un grupo que no
pertenece al reino animal pero tampoco al vegetal. En Collserola hay líquenes y
nadie los aprecia o repara en ellos. Pobrecitos.
El
tweed característico se llama -por traducción literal de herringbone pattern- "patrón de
espina de arenque", de espiga, y es verde. Verde líquen.
Que
Chanel haya elegido a Brad Pitt como
imagen y como voz de su perfume señero es en principio desconcertante,
por no decir molesto. Es la primera vez que la imagen se confía a un hombre (y
aquí habrá que recordar que Brad Pitt lo es) y el perfume es de mujer o
para mujer. La campaña hay que entenderla como publicidad y yo no he querido
impregnarme demasiado de ese anuncio que parece de un whisky. Seguramente los
llamados "creativos" se han pasado un año para fabricar la escena y
esa última frase ("Ineludible") que no reúne condiciones ni para ser
analizada y por lo tanto criticada.
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