"Arrieros
somos y en el río te veré".
Dimas
Carballo Vázquez
imas Carballo Vázquez fue compañero mío
los años que estuve trabajando en el Archivo del Hospital de Bellvitge e
incluso hicimos alguna guardia juntos, y la frase que introduce el post es una
de sus creaciones. Siempre supusimos que era una mezcla entre "Arrieros
somos y en el camino nos encontraremos" y "De perdidos, al río",
pero nunca se sabe. A mí en realidad me hubieran tocado poquísimas guardias con
Dimas, pero desde que apareció un día por Carnaval vestido como Sissí Emperatriz,
su compañera de guardias en la parrilla declinó ese honor. En su tiempo libre,
que era poco, Dimas pintaba unos cuadros en los que no faltaba el detenimiento
de los maestros flamencos pero que se centraba en detalles de braguetas que a
su vez recreaban el martirio de la crucifixión, o en unas cocinas extrañísimas
como las que se imagina una que habría en una pesadilla de Dalí. Les prometo
que no hay otra manera de decirlo. Dimas se manejaba muy bien con el color,
cosa que yo siempre he admirado. Y la frase, creo, viene a cuento por la
ilustración (y de ahí el título de una transfigurada ley del Talión). Está
claro. O ya se irá aclarando, que no hay que ser impacientes.
Esta mañana tomé algunas fotos en la calle Ferran, de la cual me había desviado para tomar un atajo y plantarme en la Plaza Cataluña para seguir con un "safari" fotográfico que se había empezado tres horas antes en el cementerio de Pueblo Nuevo (Poble Nou). Cuando me metí en el call se oyeron unas campanas tocando a gloria o a armisticio. Ojalá hubieran tocado a armisticio (ojo por diente). Tanto sonaban, porque esa calle además está empedrada, que me decidí a desandar lo andado y volver hacia la Iglesia de Sant Jaume o Santiago o Jaime o Jacobo o Diego. Allí estaban 2 bueyes, un boyero, y una carreta cuyo palio imitaba la Sagrada Familia de Gaudí en miniatura y guardaba el simpecado rociero verde. Y estaban los peregrinos que partían hoy para llegar a Almonte (Huelva) el día de Pentecostés, según tengo entendido. Las hermandades de Barcelona irán en avión y se acercarán a Rociana del Condado, desde donde caminan hasta la ermita del Rocío.
Después de haberme referido en el post anterior al cada vez menos estimulante Google y toda su artillería de Google Analytics, Google Trends y demás, sólo cabían dos posibilidades para volver las aguas a su cauce y vernos en ese río en el que nos gusta vernos: apelar a nuestro sentido como caminantes o a nuestro sentido como cazadores. Así que ha sido bonito y emocionante encontrarme allí en medio de los peregrinos como una cazadora que no caza ni una sola pieza pero que dispara con la cámara y sale a la aventura como saldrían los cazadores del Paleolítico. Algo nos debe quedar en los surcos de nuestra materia gris de aquella humanidad que tenía que salir a cazar para sobrevivir. Precisamente hay quien cree que la mitad de las neuras que tenemos o quizás más -según quien lo cuente- viene del sedentarismo y de la seguridad. Lo que nos queda de todo aquello que alguna vez fuimos como especie es un nomadismo de medio pelo (el turismo) y las romerías, que se caracterizan por tener el camino prefijado y por su gregarismo y lubricidad. Por eso nadie se extrañe que a muchos nos guste salir con la cámara al hombro al buen tuntún, a la flor del berro, y a la búsqueda de una toma buena, de una buena impresión.

