Tô bem de cima prá poder cair
Tô dividindo prá poder sobrar
Desperdiçando prá poder faltar
Devagarinho prá poder caber
Bem de leve prá não perdoar
Tô estudando prá saber ignorar
Eu tô aqui comendo para vomitar
Eu tô te explicando
Prá te confundir
Eu tô te confundindo
Prá te esclarecer
Tô iluminado
Prá poder cegar
Tô ficando cego
Prá poder guiar
Suavemente prá poder rasgar
Olho fechado prá te ver melhor
Com alegria prá poder chorar
Desesperado prá ter paciência
Carinhoso prá poder ferir
Lentamente prá não atrasar
Atrás da vida prá poder morrer
Eu tô me despedindo prá poder voltar”
Tô, Tomzé (*)
El documento, sin pertenecer a la clase de los que firmo sin escribir o escribo sin firmar –no sé cual de las dos ninguneaciones o alienaciones me causa mayor asco- reúne algunas de sus perversiones. Como correctora eventual suelo respetar la estructura sintáctica de cada cual. Porque tiene algo de su forma de respirar o de tropezarse. Si el texto dificulta la respiración o la comprensión del lector, lo descompongo en frases simples y en puntos. La ortografía del documento del que hablo, al primer vistazo me ha contrariado. Llegaba yo, como dije, del dentista y con la idea de hacer una magnífica tortilla de patatas con huevos XL 3ES0803315478 (de acuerdo con la clasificación del Reglamento 2295/2003). Por otra parte, la voluntad del testador de hacer el documento en catalán se veía llamativamente desasistida de competencia real. Me temo que una franja no desdeñable de nuestra ciudad no es capaz de escribir un catalán aceptable de acuerdo con la normativa dominante. Pero lo peor es que también me temo que tampoco ha sabido mantener o cuidar su nivel de español oficial contemporáneo (espofcont). Dicho de otra manera: Aún hay gente que dice que escribe “mal” en catalán porque recibió una educación española, pero resulta que también escriben “mal” el español.
No me detengo en el testamento vital en sí, cuya ingenuidad me azora y me apura. Presupone que los médicos van a obedecerlo y la cosa no es así ni mucho menos. Es algo que sé bien. Me detengo, sí, en la adenda sobre disposiciones para el cadaver. Mi familiar las ha previsto con todo detalle y una gran carga ideológica. No sé si con los órdagos ideológicos iconoclastas pasa lo mismo que con la competencia lingüística , si no será todo algo de cara a la galería. Por ejemplo: se indica que en el caso de que se haga una ceremonia –civil y sin curas, of course- previa a la incineración, el difunto querría que le pusieran de música o “Love me tender” de Elvis Presley, o “I’ve got you” de Frank Sinatra o “Como un gorrión” de Joan Manuel Serrat. Creo que el título de la canción de Frank Sinatra es exactamente “I’ve got you under my skin”. Nada tiene que ver con “I’ve got you, baby” de Sonny y Cher, cuando Cher tenía un look entre Noa, Morticia Adams y Rossy de Palma en su primera película.
Está claro que no sólo ante la música todos tenemos sensibilidades diferentes y que hay una especie de inhibición –creo que en todo el mundo igual- cuando percibimos, sobre todo en el antojadizo mundo de las emociones, que somos bien diferentes. En general suele tener mayor aceptación social una emotividad como la que me estoy resistiendo a juzgar frontalmente que una emotividad como la mía, desleída, más sobria, más huraña, con menos palabrería y más acción pero nada arrebatada, solo sentida. El selecto número de lectores de este locus amoenus debe creerme cuando le digo que no hay nada peor en este mundo que reirse de los sentimientos de alguien. Me parece.
Mi sensibilidad empezó a despegarse de la de Serrat hace muchos años. Me siguen gustando los discos que me gustaron porque no siempre evolucionamos en la misma dirección que los que cantaron nuestras canciones para toda la vida. “Como un gorrión” aún pertenecía en mi memoria sentimental al grupo de canciones de Serrat que sí me gustan. Y sin embargo ahora no sé qué decir. Ya es bastante fastidioso perder las ilusiones como para ver mancillados los recuerdos, que le quiten a una lo bailado.
Pude comer mi tortilla con relativa tranquilidad, teniendo en cuenta que faltaba que me vinieran a buscar a casa el documento rectificado y que eso podía ocurrir en cualquier momento. Hoy, cuando ya me había olvidado del tema, ha sido el día temido. He soportado estoicamente la arenga en pro de la apostasía que no creo haber propiciado ni he querido ahuyentar. Al final, como ya sospechaba, todo era para hacer lo más parecido a la apostasía. El objeto principal del documento es, según mi emparentado, que no hubiera ceremonia religiosa ni extremaunción ni cruces ni curas. Se trata de una apostasía civil porque la Iglesia Católica no permite o no administra la apostasía a nadie y mirad que hay gente que la persigue. Pues nada.
Siempre he preferido como ceremonia, ya lo he dicho, un mal entierro a una buena boda. No bstante, debo admitir que se está consiguiendo extender el mal gusto, la ostentación, el buenismo testimonializante y moralíneo, las chabacanadas, etc. en la paz de los cementerios. No tardarán en organizarse no ya grupos de plañideras por lo civil y por la alianza de las civilizaciones, pero sí despedidas como las de solteros que son como ritos iniciáticos y que como las novatadas consiguen enemistarme con el mundo mundial. A veces, los viernes por la noche o los sábados por la noche se ven corros de chicas medio borrachas con sus penes fluorescentes e intermitentes en las cabezas, dando grititos y saltando incontinentes tal si fueran unas priapeyas falofóricas en trance.
Para más Henry, el testador me ha dicho que tal vez añadirá otro epígrafe en previsión de ser víctima de un atentado, para alinearse con los de Pilar Manjón y no con los de Vicente Alcaraz.
Afortunadamente todo ha pasado. Como dicen los franceses: “tout passe, tout casse, tout lasse et tout se remplace”. Todo pasa. Pero mirad que ha llegado ha ser desagradable. ¿Habrá que darse tanta importancia hasta cuando uno se muere? ¿La tiene alguien? ¿Está el mundo tan perdido como lo veo ahora mismo? Oí en la radio la semana pasada que analizaron el agua que ya no se puede beber y que microscópicamente lo que más encontraron eran antidepresivos. Solo puedo entender lo que nos está pasando a la vista de una intoxicación generalizada. ¿Se puede dialogar con alguien que está intoxicado? ¿Quedará alguien por intoxicar?
Ya dijo alguien por ahí que el ateísmo era una de las aportaciones más genuinas del catolicismo, como si no existiera en otras religiones monoteístas. Yo no lo sé, pero sí veo la cosa como se ve a través de la canción de Tom Zé, paradógicamente. Y veo veo que hay por ahí una toxina que hace que haya personas que incluso cuando hablan a favor de algo, suena como si estuvieran atacando lo que es diferente. A mí me ha llevado unos cuantos años saberlo, pero sé que hay gente que incluso cuando hablan bien de alguien es en contra de algo. Y viceversa. Y tengo mis dudas de si merece la pena vivir una vida de fobias y antidepresivos en vez de una vida de filias y tortillas de patatas con cebolla.
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(*) Estoy bien abajo para poder subir / Estoy bien arriba para poder caer / Estoy repartiendo para que pueda sobrar / Desperdiciando para que pueda faltar / Despacito para poder caber / Muy leve para no perdonar / Estoy estudiando para saber ignorar / Yo estoy aquí comiendo para vomitar.
Te estoy explicando / Para confundirte / Te estoy confundiendo / Para esclarecerte / Estoy iluminado / para poder cegar / Estoy volviéndome ciego / para poder guiar.
Suavemente para poder rasgar / Ojo cerrado para ver mejor / Desesperado para tener paciencia / Cariñoso para herir / Lentamente para no atrasarme / Detrás de vivir para poder morir / Me estoy despidiendo para poder volver.
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